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El Día De Los Muertos - 1° Parte

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El Día De Los Muertos - 1° Parte

Mensaje por MasterDeLuz el Lun Jul 23, 2012 1:17 pm

EL DÍA DE LOS MUERTOS


Estimados hermanos les comparto un interesante artículo extraído de la web sobre El Día De Lo Muerto en México, se hará un análisis desde una perspectiva Tradicional y una perspectiva "Muerterea" basada en la fe.


PERSPECTIVA TRADICIONAL DEL DÍA DE LOS MUERTOS

No sólo en Egipto se localizan los primeros indicios sobre el culto a los muertos, como acertadamente usted señala, también en los chinos. Los egipcios creían en la existencia de dos espíritus. Cuando muere una persona, uno de esos espíritus va al más allá y el otro se queda vagando en la dimensión espacio/tiempo, por lo que debe “alimentarse”. Tenían la creencia de que dicho espíritu permanecía en el cuerpo embalsamado, por lo que el espíritu, al recibir las ofrendas, seguía existiendo. En China a su vez, comenzaron con la tradición de quemar incienso, velas y colocar ofrendas de alimentos, durante los aniversarios luctuosos, en señal de recordatorio de las deudas con sus antepasados.

Según varios antropólogos, la celebración del día de los difuntos estaba vinculada con el calendario agrícola de los Aztecas, el cual consistía en ofrecer y compartir la primera cosecha con todos los muertos. Consideraban que la vida y la muerte son una unidad inseparable y que esta última es simplemente una transición hacia un estado superior. Es por ello que en su literatura, arquitectura, cerámicas, manualidades y escultura quedaron reflejada esa transición hacia la muerte, y ésta, como un “lugar”, se llama Mictlán: lugar de los muertos o descarnados –adultos- y que es donde permanecerán hasta recibir su nuevo destino (¿una especie de “purgatorio” antes de la transición que los convertirá en sombras -los muertos, para nosotros- que finalmente les permitirá reencarnar?), y que es gobernado por Mictlantecuhtli y Mictacacíhuatl, señor y señora de la muerte. Los niños muertos tenían un lugar llamado Chichihuacuauhco.

Curiosamente, al igual que los egipcios, el México prehispánico enterraba a sus difuntos envueltos en un "petate" (algo similar a una estera, aunque más grande, hecha base de fibras de una planta llamada Palma de Petate) y les ofrendaban comida para cuando sintieran hambre, ya que su camino – el cual duraba cuatro años -por el ya citado purgatorio- era largo y con “climas” extremosos. Se incluían también instrumentos musicales de barro, sonajas, esculturas, cráneos de diversos materiales, braseros e incensarios. Otras etnias como la Mexica, Maya, Purépecha, Nahuatl y Totonaca también realizaban este tipo de celebraciones desde hace unos tres mil años. El “Día de Muertos” coincide con las festividades católicas llamadas “Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos” el 1 y 2 de noviembre, sin embargo, en la época prehispánica el festejo podían durar de uno mes a dos meses, dependiendo el grupo étnico que lo practicara.

Con la llegada de los Españoles a América, éstos hicieron coincidir las festividades católicas del Día de todos los Santos, ya que las celebraciones y prácticas de los indígenas los asustaron por su carácter “macabro”, mezclando sus costumbres en una especie de un sincretismo religioso -¿otro?- dando origen a lo que se conoce en el mundo moderno como Día de Muertos. Actualmente aún se pueden encontrar algunas celebraciones del Día de muertos, con ecos prehispánicos, en lugares como Tláhuac, Xochimilco y Mixquic, aunque sin duda la más famosa, por mantenerse fiel en términos de originalidad prehispánica, es la de los Purépechas, en Michoacán, en el lago de Pátzcuaro, concretamente en la isla de Janitzio, donde se puede apreciar el uso de platos de barro con alimentos, acompañados con tabaco, bebidas alcohólicas, copal, velas y veladoras, pan y alimentos, diversos tipos de adornos, flores, café negro, dulces, etc.

Sin embargo, en términos generales la influencia norteamericana con su celebración del “Día de las brujas” ha permeado en esta tradición, y lo que celebra en términos generales la sociedad mexicana en las principales ciudades del país es una mezcolanza -¿otra sincretización? Todo es una vil comercialización, consumismo y grave pérdida de identidad. Esta situación se ha vuelto grave, no sólo por las implicaciones culturales que implica, sino por el impacto en la importancia espiritual que conlleva la atención a los muertos.

Culturalmente siempre se manejó que el mexicano era el único que convivía a diario con la muerte, que no le temía y que incluso le “despreciaba”, dando pié durante siglos a una visión irónica que dio nacimiento personalizarla como "la calaca", "la huesuda", o “la parca", personalización que incluyó a su vez que gran sector de la población la hiciera sinónimos de tremendas borracheras, creación de figuras de papel, bailes, elaboración de complicados dulces, historietas y hasta versos llamados “calaveritas”.

Con el paso del tiempo (y de los recientes gobiernos de extrema derecha), estas tradiciones han sido marginadas para imponerle más la festividad norteamericana del Halloween, encaminándolas hacia lo superfluo y haciendo, irónicamente, que el mexicano comience a temerle a la muerte. Ahora ya todo se encamina a quedar como mera anécdota folklórica de un país tercermunista.

Sin embargo, pese a este desprecio de los gobernantes, la capital de México, gobernada desde hace años por la izquierda, sigue siendo una buena opción para adentrarse en la tradición del Día de Muertos.

Caracterizado por mantener como prioridad del desarrollo social, el gobierno local de la izquierda impulsa cada año diversas actividades culturales para preservar culturalmente esta celebración. Teatros, conciertos, museos, foros y conferencias, visitas guiadas, exposiciones, monumentales ofrendas y ciclos de cine se realizan de manera simultánea, ofreciendo toda una gama de posibilidades para aquellos que buscan un primer acercamiento al culto a los muertos.

Especial mención en esta interminable oferta cultural ofrece el barrio de Coyoacán. Considerado el primer suburbio fundado en América por los españoles después de la conquista, en sus calles circulan grandes tesoros históricos e inumerables leyendas, que van desde la ubicación de la casa donde vivió Hernán Cortés (inmueble aún en pie) hasta el vigente mito de La Llorona (¿una expresión más del ánima sola?) que aún recorre sus calles, después de siglos, en busca de los hijos que ella misma asesinó. El centro de este viejísimo barrio, donde aún se respiran aires coloniales, cuenta con una gran iglesia, panteón, plaza, museos y sin fin de calles empedradas en donde el tiempo se detuvo, y que sirven de marco para la realización de obras de teatro, conciertos, visitas guiadas, exposiciones, pero principalmente una gran ofrenda que da un claro ejemplo de lo que en su momento la mezcla de culturas indígena y española en esto de la atención a los muertos.

Coyoacán también tiene ciertas zonas con rescoldos arqueológicos, donde aún se pueden apreciar ritos de carácter prehispánico que serían toda una experiencia para cualquier espiritista, muertero, vidente, médium o curandero, ya que la energía del muerto que se genera en esos días, es única en toda la ciudad.

No dejo afuera la otra forma tradicional de celebrar a los muertos, y que en ocasiones no ayuda mucho a la evolución de los desencarnados: la masiva presencia de personas que asisten a los cementerios a dejar sus ofrendas, y que van desde aquellas familias enteras que organizan prácticamente días de campo ante las tumbas de sus seres queridos, pasando por aquellos que se atreven a llevar conjuntos musicales o reproductores de discos compactos para darle serenatas a sus muertos, hasta las personas que de forma más discreta acuden a dejar principalmente flores, dolor y tristeza por las ausencias irreparables.

Hay muchos simbolismos y significados más, pero lo más importante es que en México el 1 y 2 de noviembre se respira muerto, se siente al muerto, se convive con el muerto.

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