Espiritismo Venezolano y sus Cortes
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Juzgamientos de Desencarnados

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Juzgamientos de Desencarnados

Mensaje por Alianza Naiguatá el Lun Oct 22, 2012 4:32 am

El siguiente tema a continuación les hará percibir como al igual que nuestras organizaciones buenas y malas en el mundo sombrío son los criminales y no los de lo alto quienes juzgan y ejecutan terribles castigos contra aquellos que por diversos motivos cometieron errores graves, observarán quienes lean el tema que se trata de algo parecido a nuestras antiguas civilizaciones salvajes e incluso nuestras hordas de criminales que se organizan dentro y fuera de las cárceles para dictar sentencia y hacer pagar a los que ellos juzgan uno más del montón ¡basura humana que no merece compasión! la razón del tema o su objetivo es hacer reflexionar a las personas respecto a la forma en que lleva sus vidas, entender que el mundo espiritual no es una creación perfecta y armónica, allá buenos y malos en competencia y guerra continua se pelean para destruir almas o rescatarlas, allá no serán los de lo alto quienes les juzguen pero si los mismos criminales con los cuales han compartido vida y sea que hayan estado en carne y hueso o eran solo espíritus liberados de su composición física así como los impulsan a cometer errores aprovechan esas faltas para quitarles la libertad de experimentar una mejor realidad.

Extractos de Nosso Lar para reflexión:

    "El bien que hacemos es nuestro abogado por la eternidad"

    "Orgullo y egoísmo son las grandes llagas de la humanidad. Todas las maneras de servir son bendiciones."

    "Lleva tiempo aceptar el destino que uno mismo creó."

    "La vida no acaba y la muerte es un juego de ilusiones. Cerrar los ojos del cuerpo no decide nuestros destinos."




Juzgamientos de Desencarnados

Liberación – Capitulo 5 – Operaciones selectivas

    “Los juzgadores por su vez descendieron pomposos de los tronos levantados y tomaron asiento en una especie de nicho a tensarse de encima, inspirando silencio y temor porque la turba inconsciente alrededor se calló de súbito.

    Tambores y variados destellos como si estuviésemos en una parada militar en gran estilo y una composición musical semi-salvaje les acompañó el ritmo torturándonos la sensibilidad.

    Terminado aquel ruido uno de los juzgadores se levantó y se dirigió a la masa aproximadamente en estos términos:
    -Ni lagrimas, ni lamentos.
    -Ni sentencia condenatoria, ni absorción gratuita.
    -Esta casa no pune, ni recompensa.
    -La muerte es camino para la justicia.
    -No hace falta cualquier recurso a la compasión entre criminales.
    -No somos distribuidores de sufrimiento y sí mayordomos del Gobierno del Mundo.
    -Nuestra función es la de seleccionar delincuentes a fin de que las penas labradas por la voluntad de cada uno sea debidamente aplicadas en lugar y tiempo justos.
    -Quien abrió la boca para vilipendiar y herir prepárese a recibir de retorno las fuerzas tremendas que desencadenó a través de la palabra envenenada.
    -Quien abrigó la calumnia soportará a los genios infelices a los cuales confió los oídos.
    -Quien desvío la visión para el odio y para el desorden descubra nuevas energías para contemplar los resultados del desequilibrio al que se consagró espontáneamente.
    -Quien utilizó las manos en sembríos de malicia, discordia, envidia, celos y perturbación deliberada organice resistencias para la colecta de espinos.
    -Quien centralizó los sentidos en el abuso de facultades consagradas espere en lo sucesivo necesidades enloquecedoras porque las pasiones envilecentes mantenidas por el alma en el cuerpo físico explotan aquí dolorosas y arrasadoras. La represa por largo tiempo guarda microbios y monstruos segregados a distancia del curso tranquilo de las aguas; todavía llega un momento en que la tempestad o la decadencia sorprenden la obra vigorosa de albañilería y las formas repelentes liberadas se difunden y crecen en toda la extensión de la corriente.
    ¡Seguidores del vicio y del crimen tiemblen!
    ¡Condenados por vosotros mismos conserváis la mente prisionera de las más bajas fuerzas de la vida a la manera del batracio encarcelado en el visco del pantano al cual se habilitó en el transcurso de los siglos!

    En ese punto, el orador hace pausa y reparé los circunstantes. Ojos cristalizados por el pavor yacían abiertos en todas las mascaras fisionómicas. El juez por su vez no parecía respetar el menor vestigio de misericordia. Se mostraba interesado en crear ambiente negativo a cualquier especie de surgimiento moral estableciendo en los oyentes angustioso temor.
    Prolongándose el intervalo dirigí con la mirada silenciosa la interrogación a nuestro orientador que me habló casi en secreto:
    -El juzgador conoce a la saciedad las leyes magnéticas en las esferas inferiores y procura hipnotizar las victimas en sentido destructivo, no obstante, usa como vemos la verdad contundente.

    -No vale acusar el ayuntamiento de esta colonia – prosiguió la voz gritando -, porque nadie escapará a los resultados de las propias obras, cuanto el fruto huye a las propiedades del árbol que lo produjo.
    Maldecidos sean por el Gobierno del Mundo quien nos irrespeta las deliberaciones basadas por otra parte en los archivos mentales de cada uno.

    Señalando, intuitivamente la queja mental de los oyentes gritó terrificante:

    -¿Quién nos acusa de crueldad? ¿No será bienhechor del espíritu colectivo el hombre que se consagra a la vigilancia de una penitenciaría? ¿y quien sois vosotros sino basura humana? ¿No vinisteis hasta aquí conducidos por los propios ídolos que adoraste?

    En ese momento, convulsivo lloro invadió a muchos.
    Gritos atormentados, rogativas de compasión se hicieron oír. Muchos se postraron de rodillas. Inmenso dolor se generalizara.
    Gúbio traía la diestra sobre el pecho como si contuviese el corazón pero viendo por mi vez aquel gran grupo de espíritus rebelados y humillados, orgullosos y vencidos, lastimando amargamente las oportunidades perdidas recordé viejos caminos de ilusión y ¿por qué no decir?me arrodillé escrupuloso implorando piedad en silencio-.

    Exasperado el juzgador exclamó colérico:
    -¿Perdón? ¿Cuándo disculpaste sinceramente a los compañeros de la entrada? ¿Dónde está el juez recto que pueda ejercer impune la misericordia? Y centrándose toda la fuerza magnética que le era peculiar a través de las manos sobre una pobre mujer que lo fijaba horrorizada le ordenó con voz siniestra:
    Venga! ¡Venga!
    Con expresión de sonámbula la infeliz obedeció a la orden destacándose de la multitud y colocándose por debajo bajo los rayos positivos de la atención de él.
    Confiese! ¡Confiese! – Determinó el despiadado juzgador conociendo la organización frágil y pasiva a la que se dirigía.
    La desventurada señora golpeo en el pecho dándonos la impresión de que rezaba el “confiteor” y gritó lagrimosa:
    Perdóneme! ¡Perdóneme! ¡Oh Dios mio!
    Y como si estuviese bajo la acción de droga misteriosa que la obligase a desnudar el íntimo delante de nosotros habló en voz alta y pausada:
    -¡Maté cuatro hijos inocentes y tiernos… y combiné el asesinato de mi intolerable esposo… el crimen es un monstruo vivo, me persigue mientras me retrasé en el cuerpo…!
    Intente huirle a través de todos los recursos en vano… y por más que buscase ahogar el infortunio en “bebidas del placer”, más me revolqué en el charco de mi misma…
    De repente pareciendo sufrir la interferencia de recuerdos menos dignos clamó:
    Quiero vino! ¡Vino! ¡Placer!...
    En vigorosa demostración de poder afirmó triunfante el magistrado:
    -¿Cómo liberar semejante fiera humana a precio de rogativas y lagrimas?
    En seguida fijando sobre ella las irradiaciones que le emanaban del temible mirar aseveró perentorio:
    La sentencia fue labrada por si misma! No pasa de una loba, de una loba…
    A medida que repetía la afirmación cual si procurase persuadirla a sentirse en la condición del irracional mencionado noté que la mujer profundamente influenciable modificaba la expresión fisionómica. Se le retorció la boca, la cerviz, se curvó espontanea para el frente, los ojos se alteraron dentro de las órbitas. Simiesca expresión le revistió el rostro.
    Se veía patente en aquella exhibición de poder, el efecto del hipnotismo sobre el cuerpo peri-espiritico.

    En voz baja procuré recoger la enseñanza de Gúbio que me esclareció en un ceceo:
    -El remordimiento es una bendición, sin duda, por llevarnos a la corrección pero también es una brecha a través de la cual el acreedor se insinúa cobrando pago. La dureza nos coagula la sensibilidad durante cierto tiempo; todavía, siempre llega un minuto en que el remordimiento nos descubre la vida mental a los choques de retorno de nuestras propias emisiones.
    Y acentuando de modo singular la voz casi imperceptible acrecentó:
    -Tenemos aquí la génesis de los fenómenos de licantropía inextricables todavía para la investigación de los médicos encarnados. ¿Te acuerdas de Nabucodonosor, el rey poderoso al que se refiere la Biblia? Nos cuenta el libro sagrado que él vivió sintiéndose animal durante siete años. El hipnotismo es tan viejo cuanto el mundo y es recurso empleado por los buenos y por los malos tomándose por base encima de todo los elementos plásticos del peri-espíritu.
    Notando que la mujer infeliz proseguía guardando extraños caracteres en el semblante pregunté:
    -¿Esta hermana infortunada permanecerá en lo sucesivo en tal degradación de la forma?
    Concluye larga pausa, el instructor informó con tristeza:
    -Ella no pasaría por esta humillación si no la mereciese. Más allá de eso, si se adaptó a las energías positivas del juez cruel en cuyas manos vino a caer, puede también esforzarse íntimamente en renovar la vida mental para el bien supremo y moldearse a la influencia de benefactores que nunca escasean en la senda redentora. Todo, André, en casos como este se resume al problema de sintonía. Donde colocamos el pensamiento, allí se nos desenvolverá la propia vida.”

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«Si me critican o si me enjuician porque la amo, no es un pecado amar a la madre del redentor, parecería que aman más al madero, a la cruz y a los clavos, que al mismo vientre que trajo al mundo a Nuestro Señor, eso no lo entiendo mas a mi Virgen yo si la amo, no son dignos los hombres que enjuician la voluntad del Creador».

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