Espiritismo Venezolano y sus Cortes
Amigos no olviden conectarse y los visitantes aprovechen todas las ventajas del foro registrándose para poder ver la información en los foros privados, también los videos, los links, las galerías, participar en los sondeos y mucho más...
Últimos temas
» Interrogante que sucede los días de Menstruación???
Hoy a las 10:59 am por INDIO MARA 1

» Información sobre EL ANIMA SOLA
Hoy a las 9:31 am por danielas

» Misa de Elevación Espiritual
Ayer a las 7:51 pm por Alianza Naiguatá

» Espiritus que llaman
Ayer a las 7:31 pm por Alianza Naiguatá

» Collares de Protección
Ayer a las 5:31 pm por oso pequeño

» Inauguración del Foro de Espiritismo Cruzado
Ayer a las 7:20 am por Congo Nfinda

» pregunta sobre algo bien raro
Ayer a las 6:06 am por yemaya2222

» Igualdad de derechos del hombre y la mujer
Ayer a las 4:51 am por Alianza Naiguatá

» SUEÑOS Generales, Parte 2
Jue Dic 01, 2016 11:04 pm por javamnu

» Mis experiencias personales y unas cuantas dudas
Jue Dic 01, 2016 8:41 pm por Carpe Diem

» PARA QUE USAN EL AZUFRE
Jue Dic 01, 2016 5:18 pm por Carpe Diem

» mi frustracion ante un trabajo de santeria
Jue Dic 01, 2016 9:48 am por ELDIOSTHOR

» Muerte de un hermano espiritista
Jue Dic 01, 2016 3:57 am por INDIO MARA 1

»  conjuros y mal uso del tabaco
Miér Nov 30, 2016 11:11 pm por yemaya2222

» panama munanzos
Miér Nov 30, 2016 5:25 pm por Congo Nfinda

Idioma / Language
Galería


Prostituta por seis reencarnaciones sucesivas

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Prostituta por seis reencarnaciones sucesivas

Mensaje por Alianza Naiguatá el Mar Jul 09, 2013 3:04 pm


Psicografía
Prostituta por seis reencarnaciones sucesivas
Yo fui una prostituta en seis encarnaciones sucesivas. La primera fue en un navío pirata. Me capturaron en una razia contra nuestra ciudad en el borde del mediterráneo; con el botín y otros cautivos, me embarcaron en una carabela. Yo era joven y bonita. Un día, el comandante me trajo para su camarote. Le percibí la intención. Yo ya tenía mis planes, y antes que él tomase la iniciativa, me adelanté: sepa que yo soy una virgen. ¿Cuánto da por mi virginidad? Se dirigió a una de las arcas al pie del lecho, la abrió; estaba llena de joyas preciosas, producto de saqueos. Colocó un puñado de ellas sobre la mesita a mi frente. Es poco, le dije con firmeza. Sumergió ambas manos en el arca, y las pone sobre las primeras. Es lo bastante.
Todavía por muchas veces le arranqué piezas de valor. Luego que lo noté harto de mí, me entregué a los otros marineros, a cambio de oro, que todos poseían. Desembarqué en puerto europeo, rica, y me dediqué al meretricio de alto lujo.
Me veo ahora reencarnada en Francia, en la época del I Imperio. Soy dama de la corte. Y, para obtener honrarías, joyas, lujo, me prostituí no abiertamente, pero si entregándome a los cortesanos que sirviesen a mis intentos.
La tercera reencarnación fue en Portugal. Me casé con un cajero modesto en pequeña ciudad portuguesa. Lo abandoné y me transferí para Lisboa, donde monté casa de tolerancia, desgraciando jovencitas ingenuas, y desencaminando padres de familia.
En mi cuarta reencarnación, todavía en Portugal, no aferrándome a una pobreza digna, tan luego me emancipé, comercialicé mi cuerpo. Y, por eso, mi madre murió de disgusto. Como cobra venenosa, atraía la juventud de la nobleza, chupándoles impiadosamente los haberes y hasta la honra, en lujoso prostíbulo en el Rio de Janeiro, en el tiempo del imperio.
En mi quinta reencarnación, en el inicio del siglo XX, todavía en Rio, a los 14 años ya me envolvía en el meretricio. De nada me ayudaba los intervalos de mis reencarnaciones. No daba oídos a espíritus benévolos que me querían apartar de esa vida inmunda. Endurecida en el vicio, me filiaba a grupos de obsesores sexuales, y practicaba desatinos vampíricos con encarnados que aceptaban mis sugestiones.
Hasta que ingenieros maternales decidieron aplicarme la corrección apropiada. Estudiaron minuciosamente mi pasado, me sometieron a riguroso examen psíquico, y concluyeron que solo había un remedio para mí, puesto que amargo: reencarnar en cuerpo masculino, tantas veces como necesarias. La petición siguió para instancia superior y fue aprobada.
Y yo, mujer, espíritu esencialmente femenino, me reencarné en cuerpo de hombre, en Rio de Janeiro, como cuarto y último hijo de una pareja de clase media, remediados.
Hoy sé de los motivos que tuvo esta pareja para recibirme como hijo: pero, no viene al caso mencionarlo. Bien temprano comenzaron mis martirios. Yo adoraba jugar con niñas, evitaba a los niños. En la escuela oía los decires de los colegas; y al ir al pizarrón a dar la lección, la clase se reía ante mí andar femenil. Durante el recreo, me escondía.
Con la edad, más se acentuó mi inclinación femenina: paraba delante de las vitrinas de modas y de joyas, y me extasiaba al admirar los vestidos, los zapatos, las medias, los collares, los adornos, brazaletes, todo, en fin que perteneciese a la toilette de la mujer. A veces, ansiaba ir a la peluquería a maquillarme, y a costa me reprimía. Mi padre no me aceptaba; mis hermanos me detestaban y me repelían; mi madre, pobrecita, era mi único refugio. Me consolaba, me acariciaba, me infundía ánimo, me abrazaba.
La soledad me envolvió en su pesado manto. Cierta vez, atraído por un hombre, fui con él a su apartamento. El horror, el enojo que esto me causó, vosotros no podéis imaginar. Quiso volverme su amante; tuve dificultades en liberarme de él. Para vosotros teneros una idea de mi suplicio de espíritu femenino en un cuerpo masculino, hago una comparación: había otrora, que consistía en una caja de hierro, más o menos en el formato de un hombre, en cuya puerta, del lado de adentro, se incrustaban puñales. El condenado era encajado en esta caja, y en ella quedaba por días y días, a la espera que el verdugo recibiese orden de cerrar la puerta, cuando era traspasado por las láminas. Todavía, raramente el cuerpo del condenado se amoldaba a la caja; y entonces los verdugos lo ajustaban a la fuerza en aquel aparato, en el cual con cuerpo horriblemente comprimido, aguardaba el cierre de la puerta, cesando su tormento. El condenado a la tortura de la máscara era más feliz de lo que yo: el sufrimiento de él duraba pocos días; el mío duró 68 años, que se arrastraron como una eternidad. Jamás me pasó por la cabeza la idea del suicidio, o de prostituirme, felizmente. Aguanté firme, como se dice popularmente.
Una tarde, de vuelta a casa, un grupito de estudiantes perdidos se pone a burlarme. Para huir de ellos, entré en la primera puerta que vi abierta; subí pequeña escalera, y me encontré en un vasto salón; muchas personas, allí estaban; me senté entre ellas. Era una Federación Espirita Brasilera. Me explicaron y entendí que el acaso no existe, y el hecho de entrar allí es porque por cierto encontraría lenitivo. Pasé a frecuentar aquella casa, donde conquisté muchos amigos y amigas. Los pases y el agua fluidificada me hicieron mucho bien, y así mi soledad fue suavizada.
Yo no trabajaba; tuve varios empleos, pero en la ocasión, mi problema no era tolerado como hoy en día (aunque sea una tolerancia falsa y aparente) siendo despedido de todos. Quien siempre me socorría fue mi madre, ofreciéndome algún dinero. Mis hermanos se casaron; mis padres desencarnaron. Envejecí.
Viví penosamente de menguado beneficio que me tocó por herencia. Fui a vivir en un cobertizo, mal transformado en cuarto, en el fondo del jardín de la casa de uno de mis hermanos, con orden expresa de no mostrarme a visitas fuesen quien fuese. Me prohibieron de tener intimidades con mis sobrinos. Más tarde, me recogieron a un asilo, donde desencarné.
Desperté, no sé después de cuánto tiempo, en un cuarto hospitalario. Tan luego me moví en la cama acudió una enfermera gentil que me dijo:
-¡Todo bien, mi hermana, no se impresione!
-¿Hermana?... murmuré ampliando los ojos. Ella no me respondió, pero me acomodó la manta, sonriendo.
Hoy estoy plenamente integrada en mis predicados femeninos. Me regeneré. Formo parte del Grupo de Socorros de las Siervas de María Magdalena, que se dedica al levantamiento de las infelices que resbalan por el abismo oscuro de la prostitución.

_________________
«Si me critican o si me enjuician porque la amo, no es un pecado amar a la madre del redentor, parecería que aman más al madero, a la cruz y a los clavos, que al mismo vientre que trajo al mundo a Nuestro Señor, eso no lo entiendo mas a mi Virgen yo si la amo, no son dignos los hombres que enjuician la voluntad del Creador».

Alianza Naiguatá
Moderador
Moderador

Cantidad de envíos : 3392
Localización : Zulia
Edad : 32

Masculino

Fecha de inscripción : 03/03/2012

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.