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Oración por los "muertos" y Espíritus sufrientes

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Oración por los "muertos" y Espíritus sufrientes

Mensaje por Alianza Naiguatá el Dom Feb 26, 2017 1:06 am

ORACIÓN POR LOS MUERTOS Y POR LOS ESPÍRITUS SUFRIENTES
 
La oración es solicitada por los espíritus que sufren; les es útil, porque viendo que uno se acuerda de ellos, se sienten menos abandonados y son menos desgraciados. Pero la oración tiene sobre ellos una acción más directa; aumenta su ánimo, les excita el deseo de elevarse por el arrepentimiento y la reparación y puede desviarles del pensamiento del mal; en este sentido es como puede aligerarse y aún abreviarse sus sufrimientos.
 
Ciertas personas no admiten la oración por los muertos, porque en su creencia sólo hay para el Alma dos alternativas: ser salvada o condenada a las penas eternas, y en uno y otro caso la oración sería inútil. Sin discutir el valor de esta creencia, admitamos por un instante la realidad de las penas eternas e irremisibles, y que nuestras oraciones sean impotentes para ponerles un término.
 
Nosotros preguntamos si, en esta hipótesis, es lógico, caritativo y cristiano desechar la oración por los réprobos. Estas oraciones, por impotentes que sean para salvarle, ¿no son para ellos una señal de piedad que puede aliviar sus sufrimientos?; en la Tierra, cuando un hombre está condenado para siempre, aun cuando no tenga ninguna esperanza de obtener gracia, ¿se prohíbe a una persona caritativa que vaya a sostener sus cadenas para aligerarle de su peso? Cuando alguno es atacado por un mal incurable, porque no ofrece ninguna esperanza de curación, ¿ha de abandonársele sin ningún consuelo? Pensad que entre los réprobos puede encontrarse una persona a quien habéis amado, un amigo, quizá un padre, una madre o un hijo, y porque, según vosotros, no podría esperar gracia, ¿rehusaríais darle un vaso de agua para calmar su sed, un bálsamo para curar sus llagas? ¿No haréis por él lo que haríais por un presidiario? No; esto no sería cristiano. Una creencia que seca el corazón no puede aliarse con la de un Dios que coloca en el primer lugar de los deberes el amor al prójimo.
 
La no eternidad de las penas no implica la negación de una penalidad temporal, porque Dios, en su justicia, no puede confundir el bien con el mal; así, pues, negar en este caso la eficacia de la oración, sería negar la eficacia del consuelo, de la reanimación y de los buenos consejos; sería negar la fuerza que logramos de la asistencia moral de los que nos quieren bien.
 
Otros se fundan en una razón más espaciosa, en la inmutabilidad de los decretos divinos, y dicen: Dios no puede cambiar sus decisiones por la demanda de sus criaturas pues sin esto nada habría estable en el mundo. El hombre, pues, nada tiene que pedir a Dios; sólo tiene que someterse y adorarle.
 
En esta idea hay una falsa aplicación de la inmutabilidad de la ley divina, o más bien ignorancia de la ley en lo que concierne a la penalidad futura. Esta ley la han revelado los espíritus del Señor, hoy que el hombre está en disposición de comprender lo que tocante a la fe es conforme o contrario a los atributos divinos.
 
Según el dogma de la eternidad absoluta de las penas, no se le toman en cuenta al culpable ni sus pesares, ni su arrepentimiento; para él todo deseo de mejorarse es superfluo, puesto que está condenado al mal perpetuamente. Si está condenado por un tiempo determinado, la pena cesará cuando el tiempo haya expirado; pero ¿quién dice que, a ejemplo de muchos de los condenados de la Tierra, a su salida de la cárcel no será tan malo como antes? En el primer caso, sería tener en el dolor del castigo a un hombre que se volviera bueno; en el segundo, agraciar al que continuase culpable. La ley de Dios es más previsora que esto; siempre justa, equitativa y misericordiosa, no fija duración en la pena, cualquiera que sea; se resume de este modo:
 
El hombre sufre siempre la consecuencia de sus faltas; no hay una sola infracción a la ley de Dios que no tenga su castigo. La severidad del castigo es proporcionada a la gravedad de la falta. La duración del castigo por cualquier falta que sea, es indeterminada; está subordinada al arrepentimiento del culpable y a su vuelta al bien; la pena dura tanto como la obstinación en el mal; sería perpetua si la obstinación fuera perpetua; es de corta duración si el arrepentimiento es pronto.
 
Desde el momento en que el culpable pide misericordia, Dios lo oye y le envía la esperanza. Pero el simple remordimiento de haber hecho mal no basta; falta la reparación; por esto el culpable está sometido a nuevas pruebas, en las cuales puede, siempre por su voluntad, hacer el bien y reparar el mal que ha hecho. El hombre, de este modo, es constantemente árbitro de su propia suerte; puede abreviar su suplicio o prolongarlo indefinidamente; su felicidad o su desgracia dependen de su voluntad en hacer bien.
 
Tal es la ley; ley "inmutable" y conforme a la bondad y a la justicia de Dios. El espíritu culpable y desgraciado puede, de este modo, salvarse a sí mismo; la ley de Dios le dice con qué condición puede hacerlo. Lo que más a menudo le falta es voluntad, fuerza y valor; si con nuestras oraciones le inspiramos, si le sostenemos y le animamos, y si con nuestros consejos le damos las luces que le faltan, en lugar de solicitar a Dios que derogue su ley, venimos a ser los instrumentos para la ejecución de su ley de amor y de caridad, de la cual participamos nosotros mismos, dando una prueba de caridad.
 


Evangelio según el Espiritismo

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«Aparte del Espíritu protector ¿está unido un mal Espíritu a cada individuo, con miras a incitarlo al mal y darle ocasión de luchar entre el bien y el mal? 
- "Unido" no es la palabra exacta. Bien es verdad que los malos Espíritus tratan de desviar del camino recto al hombre cuando se les presenta la oportunidad: pero si uno de ellos se apega a un individuo, lo hace por determinación propia, porque espera que el hombre le haga caso. Entonces se desarrolla una lucha entre el bueno y el malo, y la victoria corresponderá a aquel cuyo dominio el individuo entregue»
Libro de los Espíritus, cuestión 511.
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Re: Oración por los "muertos" y Espíritus sufrientes

Mensaje por Meredyth el Dom Feb 26, 2017 1:54 pm

Buenas tardes [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo],

Quería preguntarle, ¿uno puede orar por los espíritus que sufren solo porque sí? Sin que alguno de ellos lo pida o como sabe uno por cual espíritu sufriente va a orar, basta decir "oro por los espíritus sufrientes" y que lo agarre el que pueda o al que le toque ???.... La duda surge ante aquello de que "solo se debe dar ayuda quien lo solicite" y si es asi, como sabe uno ¿cuándo? ¿cómo? y a ¿quién?...  Le pregunto porque  tengo entendido que cuando uno ora con un propósito, concentra, invoca y proyecta energía... entonces, ¿A dónde va ésta? ¿Quién la aprovecha? y ¿Para qué?...O quedará como el tema planteado por allí, que si alguna gente necesita ayuda, y usted quiere hacerlo hágalo, no importa si se lo pide o no (o está inconsciente o en coma) tu deber es ayudarlo y punto, sin importar si interfieres en alguna lección de vida antes programada por la  que deba pasar dicha persona y se está interrumpiendo la misma... A esa conclusión llegaron los que opinaron aquella vez(suena rudo, pero asi fue; puede revisar ese tema, no recuerdo el título)..... Solo que en este caso sería intervenir en el curso de la evolución que van llevando  algunos desencarnados o ¿no?  Shocked ....

Muchas gracias por su respuestas, pero es que este tema confunde...

Que tengas un día bonito.. Feliz vida, Meredith flower
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Re: Oración por los "muertos" y Espíritus sufrientes

Mensaje por Alianza Naiguatá el Dom Feb 26, 2017 6:19 pm

Saludos [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]
 
La confusión en cuanto a un tema de índole espírita radica en el abordaje ideológico basado en premisas ajenas al espiritismo. Es decir, intentar un análisis fundamentado en la filosofía y cosmovisión de un católico, judío, musulmán, adepto de tradiciones amerindias, africanismo, etcétera... Donde cada uno concibe la espiritualidad, el mundo y la dinámica metafísica de manera distinta. 
 
Para que un tema espírita quede claro debe manejarse al menos un entendimiento básico sobre la filosofía espirita contenida en los 5 libros que componen la codificación, caso contrario, cualquiera que practique las nuevas tendencias sincréticas donde se mezclan elementos espiritualistas (muchos antagónicos creando incoherencias y contradicciones) e intente perpetuar esa práctica que diluye la esencia de los elementos involucrados aquí encontrará refutas ideológicas porque carece de los elementos de juicios necesarios para razonar en base a esta visión o por defecto en la actualidad espiritualista, tendrá demasiados elementos de juicios discutiendo entre sí e intentando consolidar una respuesta a algo tan simple y que ya fue hasta razonado teológicamente bajo la razón por el propio Kardec y es parte de los párrafos que analizan la premisa de orar por los difuntos pero en base a unos principios estudiados y expuestos en el libro El Cielo y el Infierno o La Justicia Divina.
 
Jamás el espiritismo kardeciano se complicará tanto la existencia como muchas doctrinas y religiones lo hacen desde la antiguedad, fatigándose con factores, ceremonias, penitencias que duran meses y años y hasta sacrificando vidas innecesariamente basado en dogmas materiales que no repercuten sino en lo aparente de la dinámica espiritual. Él es simple, se va directo al hecho y extirpó todo lo que no sea la esencia pura del tipo de relaciones metafísicas que se dan por medio de la comprensión de la dinámica espiritual. Por eso, y en base a las leyes espirituales, ninguno de los factores tomados a consideración por el espiritualismo tienen derecho a voz una vez que no sobrevivieron al debate filosófico y fueron desmentidos y colocados en el marco de las creencias supersticiosas o de índole religiosa que hay que respetar pero que si dejasen de existir el mundo no se acabaría ni reinaría un caos universal.
 
Este es de los últimos ítem que contiene el capítulo XVII del Evangelio según el Espiritismo que analiza bajo la asesoría de los Espíritus desmaterializados el "pedid y se os dará" e intenta explicarlo bajo la visión revelada por los Espíritus no adeptos a las religiones ni formas y que sólo les importa transmitir la esencia pura de este accionar esterilizadas de contaminantes ideológicos concebidos por el hombre en sus resoluciones teológicas que bastante fracaso y adulteración han traído al mundo desde que existe la humanidad.
 
Respondiendo a sus preguntas:
 
«¿uno puede orar por los espíritus que sufren solo porque sí?»; pedir por los que sufren es cumplimiento a la Ley de Justicia, Amor y Caridad, donde es un deber moral de todos las Almas brindarnos consuelo y ayudarnos mutuamente. Eso no va a cambiar en la condición de Espíritu desencarnado, al igual que los hombres ellos atraviesan sus propias pruebas y ampliadas sus percepciones recogen del mundo aquello con lo que más se sintonizan tornándose pesados y endureciéndose por causa del desprecio y olvido de los hombres que formaron parte de su círculo y le han olvidado, le traicionaron y ahora se siente devastado; tratados como marginales, explotados por la hechicería, estafados bajo promesas de solución y ascensión por cuenta de interesados egoístas que no ofrendan el corazón de manera inteligible para ser dignamente acogidos por Dios y que alcancen a conmover y estimular al difunto a soportar con ímpetu sus turbaciones en esta ocasión en formato espiritual, son cosas que alientan a los Espíritus a la desesperanza, a desertar de Dios y a convertirse en mercenarios desesperados que como dice el evangelio en Mateo 12:43 cuando salen, Espíritus inmundos, andan por lugares áridos, secos, buscando reposo y no lo hallan y trabajan y trabajan, ante los ojos del creyente de las religiones fetichistas que por la ofrenda, cuando realmente es el bienestar que les produce el reconocimiento que viene con la paga por haber atormentado a un infeliz que estaba igualmente abandonado en su esperanza en la vida mayor por causa de los vicios anímicos e ideológicos del materialismo humano. 
 
Así que no es un "porque sí" es un "porque sufren" que se va a pedir por ellos y se va a hacer todo lo posible para que restauren su ímpetu, su ánimo, recuperen la esperanza en el porvenir y deduzcan que su "eterno tormento" tiene fin en la misericordia de Dios. Pero dado que esto tiene que ser un acto de caridad natural, la persona debe tener la intención ya que los Espíritus no ven el hecho o manera en que se intenta ayudarlos sino la intención (cuestión 670, Libro de los Espíritus).
 
Es un acto de caridad cristiana. ¿No es suficiente motivo el hecho de que haya sufrimiento para buscar las maneras de aliviarlo? La caridad es un ejercicio por cuya ejecución se instruye y eleva el Espíritu, es decir, un acto en el cual por dar se recibe en Bien Común algo proporcional ya que tú apaciguando los sufrimientos ajenos, te ganas el derecho de que Dios autorice sean apaciguados los tuyos ahora en el después de la vida. Y mucho más podría hablarse, y cualquiera lo puede razonar si previamente se desliga de preconceptos aprendidos en cualquier fuente del mundo, ya que el sentido común del hombre guarda en la latencia de la consciencia la lógica simple y perfecta que fundamenta este acto de caridad.
 
El que acoge con dulzura al que sufre como lo hace un devoto al purgatorio en la denominación cristiana que por medio de dogmas de liberación avivados por visiones inducidas a los místicos por parte de las jerarquías que participan de la dinámica espiritual católica, es un modelo que impulsa al desarrollo de esta empatía y caridad hacia los que habiendo sido imperfectos en vida se hayan envueltos en desequilibrios durante la vida post mortal. Francisco Cándido Xavier fue un médium muy dulce con los que sufre y por años se dedicó a consolar únicamente a los sufrientes, como consecuencia, sus facultades se exaltaron y llegó a ser finalmente el médium que fue lo bastante popular como para ponerse en el ojo del huracán; lo positivo es que en su lecho de muerte, así como la mayor parte de Brasil el amó, todas las Almas que fueron consoladas por él lo esperaron con la finalidad de darle las gracias y retribuirle la gracia obtenida por su vida sacrificada que les sirvió como ejemplo a ellos, que veían que él podía tener mejor vida pero siguió el viacrucis de Cristo con la finalidad de impulsar un modelo de hombre que hoy día es capaz de tener la vida de un santo reafirmando la fe y esperanza sobre la espiritualidad, así hombres y desencarnados culminaron su proceso observando que si ese extraordinario hombre soportaba, ¿por qué no hacerlo ellos? Y fueron moralizándose a partir de la observación y la escucha de sus palabras fraternales y amorosas siempre.
 
Así que, ¿por qué pedir por los sufrientes? Por cualquier razón: porque sí, porque no, por si acaso y por otros motivos también; sólo una condición: se necesita hacerlo movido por la fuente de combustible afectiva que es el corazón.
 
«Sin que alguno de ellos lo pida o como sabe uno por cual espíritu sufriente va a orar, basta decir "oro por los espíritus sufrientes" y que lo agarre el que pueda o al que le toque???»; como dije anteriormente ellos captan es la intención y no el hecho, por lo cual al existir la intención de pedir por los que sufren captan por sintonía y se acercan como interesados en obtener el beneficio de esa suplica. Los que no están interesados aunque sufren no se acercan como los endurecidos, escépticos, y otros. Generalmente puede sentirse su presencia horas antes de hacer la petición, sin embargo, hay registros de gente con ese hábito que registra signos de tenerlos cerca con 1 semana de separación; eso es porque ellos ven la intención y en base a ello pueden predecir que usted u otra persona irá a realizar formalmente una súplica en pro de ellos que están enloquecidos por afecto, atención, por generosidad, entre otras cosas y el simple hecho de uno decir en la dulzura del amor "Dios, apiádate de ellos" es como aquel que agoniza por desafecto y un día alguien le inyecta una dosis de abrazos y un trato afectivo auténtico. Algunos incluso son vengativos y arremeten, atacan y hasta drenan a las personas y cuando se pide por ellos se hayan atormentados, confundidos y atemorizados; unos llegan a irse, otro caen en las líneas del arrepentimiento y se introducen en otro tormento, esta vez en uno positivo que lo conducirá a la redención o expiación de sus actos delictivos.
 
«La duda surge ante aquello de que "solo se debe dar ayuda quien lo solicite" y si es así, como sabe uno ¿cuándo? ¿cómo? y a ¿quién?»; esa premisa se había discutido en relación al libre albedrío de los vivos en praxis mágica debido a que interfiere por una acción externa en la dirección que toma voluntariamente por un tipo de opresión magnético. Es igualmente incorrecto en el caso de los desencarnados, no obstante, los que incurren en esa praxis en donde se subyuga magnéticamente a vivos y desencarnados se le conoce como prácticas de "hechicería" o "magia negra" por ese hábito de manipular fluidos para alterar el curso natural de cada cosa. Este no constituye un peligro en el escenario espirita donde los médiums aunque pueden manipular los fluidos y a los Espíritus con fines buenos y malos entienden que moralmente es inadecuado, por dicha razón, se rehúsan a adquirir poderes a través de la domesticación de estos Espíritus o las alianzas con ellos con tal de poder violar leyes divinas.
 
En el simple hecho de pedir por los Espíritus sufrientes no hay ningún delito ya que los Espíritus poseen libre albedrío, se acercan por propia iniciativa y son quienes por voluntad fijan su atención en los bienes solicitados por el benefactor en su nombre. Ya después, cuando se sabe que esa persona realiza actos de misericordia hacia los que sufren concurren hacia esa persona, piden esas súplicas, las agradecen y pueden haber interferencias maléficas que persigan que nadie pida por ellas para que así puedan seguirlas perturbando, destruyendo su auto-estima y todo lo que humanamente un individuo tóxico y patológico hace al juntarse a alguien mental y emocionalmente inestable.
 
¿Cómo saberlo? Eso se aprende por auto-observación por los cambios que se sufren anímicamente al manifestar emociones ajenas, ansiedad, un impulso por orar y pedir, en ir a determinado lugar y otros efectos de orden físico como sonidos, apariciones, movimiento de objetos, voces, sin que lleguen a ser de orden perturbador. Esos suelen ser los lenguajes en que ellos dicen: pide por mí; y que la mayoría de las personas acoge con negligencia al desesperarse y acudir a los centros espiritualistas buscando una protección o bloquearse para no interceder por ellos cuando en un lenguaje sencillo y muy básico a ellos se les puede educar para que no hagan determinadas cosas porque son molestas, se puede crear un "filtro" a través del cual forjar un tipo de comunicación y a partir de ahí usar signos y señales de comprensión común que no perturben al uno y al otro.
 
«Le pregunto porque  tengo entendido que cuando uno ora con un propósito, concentra, invoca y proyecta energía... entonces, ¿A dónde va ésta? ¿Quién la aprovecha? y ¿Para qué?...»; básicamente es así porque el propósito condensa el fluido y lo modifica, la sintonía atrae por afinidad y el objetivo mental que tenemos es hacia donde va ese fluido. Para dicho caso, estamos mutando los fluidos con nuestras cualidades generosas y dirigiéndolas hacia los que sufren lo cual dispara la alarma y atención de los Espíritus que los hay en la totalidad del espacio que conocemos como mundo y estos se sirven de ella para rehacerse. Es el mismo mecanismo que ocurre en las ofrendas físicas como velas, frutas y otro tipo de simpatías nada más que se exenta el vehículo material; se da directamente el fluido que ha adquirido las cualidades alcanzadas por la elevación del patrón vibratorio adquirido que normalmente los espiritualistas dan inconscientemente al impregnarlo en un tabaco, una vela, el incienso, frutos, hierbas, entre otros pero le condicionan un propósito servicial que es un favor. Acá no hay favor, es gracia por gracia. El mensaje es: "yo quiero que tú estés bien, toma de esto".
 
«O quedará como el tema planteado por allí, que si alguna gente necesita ayuda, y usted quiere hacerlo hágalo, no importa si se lo pide o no (o está inconsciente o en coma) tu deber es ayudarlo y punto»; si tú tienes comida y alguien con hambre se cruza tu deber es alimentarlo; si tienes medicina y se te cruza un enfermo, tú debes es proporcionarle medicación; si eres médico y se te cruza un enfermo, tu deber es curarlo; si eres psicólogo y se te cruza alguien con problemas de esa índole, tu deber es tratarlo; y así sucesivamente. Contra eso el obstáculo mayor es el egoísmo que a todo le quiere ver un interés y ganancia.
 
El detalle aquí es que las preguntas que haces parten de una premisa equivocada que es la planteada en el campo mágico-religioso destinado a los Espíritus encarnados, es decir, a los hombres vivos cuya existencia está condicionada a factores que confabulan para propiciar un tipo de destino pactado prenatal. Esas circunstancias no existen para alguien que ya murió y que la persona que fue ya no existe.
 
En relación a una persona en coma, dado que el espiritismo no es una doctrina preconcebida por cimientos ideológicos materiales que contempla el cuerpo inerte del hombre en coma sino que contempla el Espíritu afligido al lado de su cuerpo preguntándose por qué, un espírita puede consolar y fortalecer a ese Espíritu en su agonía para que le sea menos penosa pero jamás hará lo que hacen los magos y hechiceros que consiste en alterar el curso natural de las circunstancias. Entonces el espírita, en cumplimiento a la caridad cristiana debe ayudar al que está sufriendo, tiene hambre, está enfermo, está en coma, al que no ha nacido para que no se desligue del cuerpo y cause la muerte fetal, al que nació para no se produzca la muerte súbita del neonato, y a toda circunstancia en la que un Espíritu pueda arriesgarse a fracasar en su intento de superarse y obtener una realidad mejor.
 
«sin importar si interfieres en alguna lección de vida antes programada por la  que deba pasar dicha persona y se está interrumpiendo la misma...»; esto lo trato aparte para aprovechar de dejar que los Espíritus sean quienes aclaren ese hecho, pero antes de eso reitero: los Espíritus no están en las mismas circunstancias que los hombres, no hay predestino para ellos sino dicha o expiación.
 
664. ¿Es útil orar por los difuntos y por los Espíritus sufrientes? Y en caso afirmativo, ¿cómo pueden nuestras preces llevarles alivio y abreviar sus padecimientos? ¿Tienen ellas el poder de hacer que ceda o se apiade la justicia de Dios? - La oración no puede tener por efecto el cambiar los designios de Dios, pero el alma por la cual se está orando experimenta alivio con ello, porque es un testimonio de interés que se le ofrece, y a causa de que el desdichado se alivia siempre que encuentra almas caritativas que se compadecen de sus dolores. Por otra parte, mediante la plegaria se le induce al arrepentimiento y al deseo de hacer lo necesario para ser dichoso. En este sentido se puede abreviar su pena, si por su lado ayuda con su buena voluntadEse deseo de mejorar, intensificado por la oración, atrae junto al Espíritu sufriente a otros Espíritus más evolucionados que acuden a instruirlo, confortarlo e infundirle esperanzas. Jesús oraba por las ovejas descarriadas. Con esto os mostró que seríais culpables si no lo hicierais vosotros por aquellos que más lo necesitan.
 
665. ¿Qué pensar de la opinión que rechaza a la oración por los difuntos, debido a que no ha sido prescrita por los Evangelios? - Cristo dijo a los hombres: Amaos los unos a los otros. Esta recomendación implica la de emplear todos los medios posibles para testimoniarles afecto, sin que por esto se entre en detalle alguno acerca de la manera de poner en práctica esa máxima. Si es cierto que nada puede desviar al Creador de la aplicación de la justicia –que a Él es inherente- a todas las acciones del Espíritu, no es menos verdad que las preces que hacia Él eleváis, en favor de aquella persona que os inspira afecto, constituyen para ella un testimonio de recordación que no puede sino contribuir a aligerar sus sufrimientos y confortarlaTan pronto como dé muestras del menor signo de arrepentimiento, y solamente entonces, será socorridaPero no se le permitirá nunca ignorar que un alma simpática se ocupó de ella, y le queda la tierna creencia de que la intercesión de esa alma le ha sido útilDe lo cual resulta por fuerza, de su parte, un sentimiento de gratitud y de afecto hacia aquel que le ha dado esa prueba de adhesión o de piedad. En consecuencia, el amor que recomendaba Cristo a los hombres no ha hecho sino aumentar entre esas dos almas. Ambas han obedecido, pues, a la ley del amor y unión de todos los seres, ley divina que debe llevar a la unidad, objetivo y fin del Espíritu. 
 
En este sentido no se está cometiendo ninguna infracción porque no se está ni siquiera intentando torcer los designios de Dios como sí ocurre en la hechicería donde el "hágase tu voluntad" es un "hágase mi voluntad". También se está dejando claro que aún en lo aparente de la eficacia de las alianzas con las fuerzas de la naturaleza, los logros son efímeros (he aquí el fracaso de la brujería para obligar la felicidad, prosperidad, el amor y otras concesiones sólo compradas con mérito) es como el río que se ha desviado y retorna a su cauce trayendo peores tormentos, es decir, un esfuerzo colosal para un fracaso anunciado; esto ni merece la pena intentarlo, el hombre no puede sacar a un Espíritu del umbral aunque sí puede por medio de esa alianza proveerle sustento con lo cual puede progresar y hacerse dichoso o estancarse llegándose a hundir y cuando se le acabe el "pan de cada día" por el constante transferir de sus miserias al encarnado, pasará a sencillamente ser un Alma aún más miserable.
 
En realidad es una intercesión que no discrepa en nada de la que hace un ser querido por alguno de nosotros cuando estamos pasando por una fuerte situación. En tal caso, una labor similar a la que haría un sacerdote en su labor pastoral al alentarte en el camino a Dios en medio de las tribulaciones que suponen riesgos de rebeldía y deserción que conducen a cometer agravios que te colocan más distante de la meta.
 
Lo siguiente no merece atención, fue respondido aprovechando las conclusiones derivadas de aquel tema.
 
Hasta aquí mi respuesta. Te agradezco tus oportunas preguntas que han sido útiles para esclarecer muchos aspectos que podrían ser de buen aprendizaje para los que comparten dichas dudas e incluso haciendo mezclas que impiden la posibilidad de éxito al aplicarse estos principios en la propia vida. Un espírita para ser exitoso en el sistema espirita debe ser sí o sí un espírita de pura cepa sin mezclas ni diluciones, de lo contrario su fracaso se anticipó a sus ganas de intentarlo.

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Re: Oración por los "muertos" y Espíritus sufrientes

Mensaje por Meredyth el Miér Mar 01, 2017 3:52 pm

Hola de nuevo hermano [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo],

De nuevo y de todo corazón muchas gracias por aclararme las dudas. Ahora comprendo, lo que sucede es que a veces uno actúa creyendo que determinada acción no es un mal proceder y pudiese ser lo contario, de allí la importancia de lo que Ud. dice sobre el discernimiento; en fin, Dios sabe que no actúo de mala de fe o tratando de hacer mal a nadie y pido a él que arroje Luz y entendimiento al o los afectados, si es que alguna vez alguien se sintió agredido por mi (encarnado o desencarnado), Amén que asi sea.

A usted le deseo un feliz dia y le envío un montón de sonrisas, Meredith flower
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Re: Oración por los "muertos" y Espíritus sufrientes

Mensaje por Alianza Naiguatá el Miér Mar 01, 2017 7:21 pm

Bendiciones para usted [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

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oracion por los muertos y espiritus sufrientes

Mensaje por luz del cielo el Lun Jul 31, 2017 9:35 am

Alianza Naiguatá escribió:
ORACIÓN POR LOS MUERTOS Y POR LOS ESPÍRITUS SUFRIENTES
 
La oración es solicitada por los espíritus que sufren; les es útil, porque viendo que uno se acuerda de ellos, se sienten menos abandonados y son menos desgraciados. Pero la oración tiene sobre ellos una acción más directa; aumenta su ánimo, les excita el deseo de elevarse por el arrepentimiento y la reparación y puede desviarles del pensamiento del mal; en este sentido es como puede aligerarse y aún abreviarse sus sufrimientos.
 
Ciertas personas no admiten la oración por los muertos, porque en su creencia sólo hay para el Alma dos alternativas: ser salvada o condenada a las penas eternas, y en uno y otro caso la oración sería inútil. Sin discutir el valor de esta creencia, admitamos por un instante la realidad de las penas eternas e irremisibles, y que nuestras oraciones sean impotentes para ponerles un término.
 
Nosotros preguntamos si, en esta hipótesis, es lógico, caritativo y cristiano desechar la oración por los réprobos. Estas oraciones, por impotentes que sean para salvarle, ¿no son para ellos una señal de piedad que puede aliviar sus sufrimientos?; en la Tierra, cuando un hombre está condenado para siempre, aun cuando no tenga ninguna esperanza de obtener gracia, ¿se prohíbe a una persona caritativa que vaya a sostener sus cadenas para aligerarle de su peso? Cuando alguno es atacado por un mal incurable, porque no ofrece ninguna esperanza de curación, ¿ha de abandonársele sin ningún consuelo? Pensad que entre los réprobos puede encontrarse una persona a quien habéis amado, un amigo, quizá un padre, una madre o un hijo, y porque, según vosotros, no podría esperar gracia, ¿rehusaríais darle un vaso de agua para calmar su sed, un bálsamo para curar sus llagas? ¿No haréis por él lo que haríais por un presidiario? No; esto no sería cristiano. Una creencia que seca el corazón no puede aliarse con la de un Dios que coloca en el primer lugar de los deberes el amor al prójimo.
 
La no eternidad de las penas no implica la negación de una penalidad temporal, porque Dios, en su justicia, no puede confundir el bien con el mal; así, pues, negar en este caso la eficacia de la oración, sería negar la eficacia del consuelo, de la reanimación y de los buenos consejos; sería negar la fuerza que logramos de la asistencia moral de los que nos quieren bien.
 
Otros se fundan en una razón más espaciosa, en la inmutabilidad de los decretos divinos, y dicen: Dios no puede cambiar sus decisiones por la demanda de sus criaturas pues sin esto nada habría estable en el mundo. El hombre, pues, nada tiene que pedir a Dios; sólo tiene que someterse y adorarle.
 
En esta idea hay una falsa aplicación de la inmutabilidad de la ley divina, o más bien ignorancia de la ley en lo que concierne a la penalidad futura. Esta ley la han revelado los espíritus del Señor, hoy que el hombre está en disposición de comprender lo que tocante a la fe es conforme o contrario a los atributos divinos.
 
Según el dogma de la eternidad absoluta de las penas, no se le toman en cuenta al culpable ni sus pesares, ni su arrepentimiento; para él todo deseo de mejorarse es superfluo, puesto que está condenado al mal perpetuamente. Si está condenado por un tiempo determinado, la pena cesará cuando el tiempo haya expirado; pero ¿quién dice que, a ejemplo de muchos de los condenados de la Tierra, a su salida de la cárcel no será tan malo como antes? En el primer caso, sería tener en el dolor del castigo a un hombre que se volviera bueno; en el segundo, agraciar al que continuase culpable. La ley de Dios es más previsora que esto; siempre justa, equitativa y misericordiosa, no fija duración en la pena, cualquiera que sea; se resume de este modo:
 
El hombre sufre siempre la consecuencia de sus faltas; no hay una sola infracción a la ley de Dios que no tenga su castigo. La severidad del castigo es proporcionada a la gravedad de la falta. La duración del castigo por cualquier falta que sea, es indeterminada; está subordinada al arrepentimiento del culpable y a su vuelta al bien; la pena dura tanto como la obstinación en el mal; sería perpetua si la obstinación fuera perpetua; es de corta duración si el arrepentimiento es pronto.
 
Desde el momento en que el culpable pide misericordia, Dios lo oye y le envía la esperanza. Pero el simple remordimiento de haber hecho mal no basta; falta la reparación; por esto el culpable está sometido a nuevas pruebas, en las cuales puede, siempre por su voluntad, hacer el bien y reparar el mal que ha hecho. El hombre, de este modo, es constantemente árbitro de su propia suerte; puede abreviar su suplicio o prolongarlo indefinidamente; su felicidad o su desgracia dependen de su voluntad en hacer bien.
 
Tal es la ley; ley "inmutable" y conforme a la bondad y a la justicia de Dios. El espíritu culpable y desgraciado puede, de este modo, salvarse a sí mismo; la ley de Dios le dice con qué condición puede hacerlo. Lo que más a menudo le falta es voluntad, fuerza y valor; si con nuestras oraciones le inspiramos, si le sostenemos y le animamos, y si con nuestros consejos le damos las luces que le faltan, en lugar de solicitar a Dios que derogue su ley, venimos a ser los instrumentos para la ejecución de su ley de amor y de caridad, de la cual participamos nosotros mismos, dando una prueba de caridad.
 


Evangelio según el Espiritismo




Buenos dias : Dios te bendiga felicidades , de donde saliste tu ,salieron todos los angeles de luz del cielo ,eres ejemplo de amor y paz en esta tierra saludos
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