Espiritismo Venezolano y sus Cortes
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Los trabajadores activos en el servicio mediúmnico

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Los trabajadores activos en el servicio mediúmnico

Mensaje por Alianza Naiguatá el Lun Ene 02, 2017 8:08 pm


Pese a la polémica existente hoy día en el seno espirita con relación al florecimiento de un espiritismo más orientado hacia la religión y el servicio al prójimo de lo que volcado al estudio empírico del fenómeno, me atrevo a colocar a continuación, la opinión (podría decir esclarecimiento) de Ramatís con respecto al interrogatorio que se le hizo con respecto a la finalidad y misión que tiene el espiritismo (doctrina kardeciana) desde su aparición y sincretización interreligiosa.
 
Aclaración: lo que leerá a continuación no es un determinante de directriz para la doctrina espirita (aclaratoria que hago a los espiritas ortodoxos decantados por la pureza doctrinaria) y puede tomarse como una opinión. No se admiten en el presente tema conductas proselitistas y sectarias orientadas a la difamación de este u otro autor de libros espiritas ni agresiones ideológicas dirigidas hacia adeptos de otras ideologías.
 
LOS TRABAJADORES ACTIVOS EN EL SERVICIO MEDIÚMNICO
 
Pregunta: ¿Podríais explicarnos qué distinción existe entre los hombres con facultades en desarrollo junto a la mesa espirita y aquéllos que, siendo médiums, no necesitan del mismo proce­dimiento?
Ramatís: Pueden considerarse "médiums oficiales" en la Tie­rra, aquéllos que reencarnan y están comprometidos en sus servi­cios obligatorios con la siembra espirita. Esos seres tendrán que desempeñarse constantemente en esa actividad, pues necesitan compensar con cierta urgencia los perjuicios causados a terceros y además deberán acelerar su propia recuperación espiritual. Se destacan de los otros humanos porque gozan acentuadamente de la facultad mediúmnica, tomando relación directa y rápida con los desencarnados. Conforme sean sus pensamientos, conducta y objetivos en sus vidas, atraerán a los espíritus de frecuencia vibra­toria afín, que en base a sus contexturas espirituales, los influen­ciarán para el bien o el mal.
 
Y como son raros los médiums misioneros o de intuición pura, también son pocos los que alcanzan el "clímax" bendecido del servicio mediúmnico, sin antes haber pasado por el desenvol­vimiento penoso. Existen médiums a quienes les afloran los resi­duos de las viejas pasiones que los perturbaban en el pasado; sus pensamientos, palabras y sentimientos son blanco de los des­encarnados, que realizan todo lo posible para impedirles su éxito en el servicio mediúmnico en la siembra espirita.  Intentan hacerles buscar su desarrollo de facultades, alejados de la disciplina y protección doctrinaria, les explotan el amor propio y la vanidad, apartándolos de los ambientes donde la experiencia del más ca­pacitado podría ayudarlos e inmunizarlos del astral inferior.
 
En la fase penosa y contradictoria, saturada de dudas y es­peranzas, es cuando el hombre siente despertar su facultad, pero al no haber logrado la fuerza moral, la mente desenvuelta y los sentimientos equilibrados, no pueden sintonizarse inmediatamente con las almas benefactores. Un poco más tarde, el médium com­prende la naturaleza y objetivos de su ejercicio mediúmnico obli­gatorio, pues a pesar de haber enfrentado sacrificios severos, comprueba que lo pasado era de provecho e incidía para su bien. Entonces, como un sembrador incondicional de las elevadas ense­ñanzas de los planos superiores, necesita inmunizarse contra las críticas ajenas, como también impermeabilizarse de las lisonjas o evidencias peligrosas de la vanidad personalista de la vida humana. Sus dolores, ingratitudes e injusticias son menos impor­tantes que las desventuras del prójimo; sus opiniones no deben provocar conflictos u hostilidades en el prójimo a causa de la doctrina espirita, que lo acoge y beneficia para usufructuar el camino de la renovación espiritual.
 
Los demás hombres —aunque sean médiums en potencia— serán responsables por sus actos y forma de influir en sus fami­liares. Los médiums consagrados o admitidos como trabajadores activos en el servicio mediúmnico organizado de la siembra es­pirita, son para el mundo profano la idea espiritual elevada, que no puede ni debe mancharse por sus intereses personales o capri­chos vanidosos.
 
Pregunta: Sin querer contrariar los elevados conceptos verti­dos y en contradicción a los postulados crísticos, hemos tenido muchas veces la oportunidad de conocer médiums poderosos, que producían fenómenos dignos de mención y curas extraordinarias; pero algunos comercializaban vilmente sus facultades, mientras que otros eran esclavos de los vicios comunes. De este paradójico ejemplo, ¿qué nos podéis decir?
Ramatís: ¿Cuántas veces las autoridades públicas, de vuestro mundo, confían en determinados individuos para desempeñar ser­vicios de importancia en favor del pueblo, que los considera hom­bres honorables y de buenos propósitos?  Al comienzo ganan la confianza de sus superiores ejecutando los trabajos debidamente y poco a poco se dejan tentar por la codicia, avaricia o la fortuna fácil, terminando por cumplir deshonestamente aquello que les tuera solicitado para el bien común.
 
El mandato mediúmnico, que autoriza al poseedor a prestar un servicio útil para la colectividad encarnada, también beneficia a su espíritu imperfecto, y es un compromiso que debe ejecutarse con dignidad y elevación moral. Aceptando la tarea medianímica de suma importancia para sí y para el prójimo, es evidente entonces que el médium es el responsable por cualquier desvío o perturbación que produzca durante el ejercicio de su tarea en el mundo profano.
 
También es cierto que los ángeles del Señor, que son almas llenas de ternura y amor, tienen esperanzas para corregir o reno­var a los espíritus, que siendo culpables e imperfectos, son con­vocados para el servicio espiritual de la mediumnidad en el mundo físico. Por eso no los privan súbitamente de la facultad que los pone en contacto con el mundo espiritual; les multiplican las oportunidades de recuperación por las nuevas faltas y los ayudan a corregir sus deslices cometidos en la doctrina que desarrolla sus facultades. Paradójicamente, como si fueran árboles saturados de savia inservible, esos médiums continúan en su propósito de dar buenos frutos... ¡Ellos ignoran, que es el generoso "toque" angélico el que higieniza y sublima sus deslices y que promueven las curas y garantiza las revelaciones buenas!
 
Ciegos por la vanidad de juzgarse auto-suficientes, capaces de realizar todo, prescindiendo de la intervención del mundo invi­sible, abdican de la vigilancia y el buen sentido, inmunizándose para recibir las vibraciones angélicas, cayendo fragorosamente en el lodo de sus imprudencias. Infelices y orgullosos, no alcan­zan a percibir cuándo "cambia" la entidad oculta que los prote­gía; es decir, cuando se retira el ángel y ocupa su lugar la figura maquiavélica y astuta del genio de las sombras. Desde allí en adelante existe un solo "dueño" y no un "guía"; en vez de un orientador tierno y tolerante, que todos los equívocos e intereses inconfesables del médium, los toma bajo su responsabilidad es­piritual; surge entonces el alma cruel, dañina, orgullosa y llena de vicios, que exige, domina y castiga. Desaparece el ángel amo­roso, que conduce a las almas hacia el reino de Luz, para mani­festarse el señor de los esclavos, que aprisiona desde la tumba al espíritu imprudente para conducirlo a las regiones inhóspitas de las tinieblas.
 
Ese es el fin de los médiums, que después de haber sido agraciados con destacados poderes espirituales, para el bien de sí y de la colectividad encarnada, terminan enlodando su tarea con la vileza del negocio impuro, generando la desconfianza y hosti­lidad hacia el servicio mediúmnico.
 
Pregunta: ¿No sería más prudente, que los espíritus superio­res no concedieran la facultad mediúmnica a los hombres que no tuvieran capacidad y amor para exponerla en la Tierra?
Ramatís: No son poderes concedidos extemporáneamente por los mentores de la Tierra a los hombres inmaduros de espíritu; a veces esos espíritus son antiguos magos, que dominaban fácil­mente las fuerzas ocultas, ejercían sus poderes sobre los elemen­tales y usaban la hipnosis para fines interesados, tal como lo hacía Rasputín, que aprovechando sus poderes extraterrenos realizaba sus objetivos equivocados, como un instrumento de las tinieblas. Cuando esos espíritus retornan a la carne, deben intentar su renovación espiritual, manejando los mismos poderes que des­virtuaron en el pasado, pero bajo la promesa de emplearlos para el bien.

El corazón atrofiado y la mente agudizada por la voluntad poderosa y que fuera ejercitada en vidas anteriores, es lo que tienen esos espíritus para ejecutar el trabajo mediúmnico del Bien, siempre que se inclinen humildes desde el comienzo de su tarea a los postulados redentores del Cristo. Cuando los res­ponsables por el progreso del orbe comprueban la imposibili­dad de conservarlos en el servicio activo de la siembra propues­ta, se ven obligados a separarlos de cualquier forma, para que terminen los graves perjuicios causados por sus actividades in­controladas.
 
Pero Dios siempre concede la oportunidad de renovación moral y el trabajo honrado para todos sus hijos. Y la prueba más evidente de lo que estamos manifestando la tenéis en vuestras manos, pues si en el presente vosotros portáis principios espiri­tuales dignos y superiores, se los debéis a la bondad divina, que toleró vuestras iniquidades del pretérito, concediéndoos la gracia del servicio redentor, tantas veces como las equivocaciones cometidas. En verdad, los pecadores son los que necesitan más del Amor, tanto como los enfermos necesitan del médico.
 
Si del lodo puede surgir el lirio inmaculado, es obvio que de los labios de los hombres impuros también pueden nacer las esperanzas y el derrotero para los seres desviados del camino honesto de la vida humana. Y si Dios, el Creador del Universo, que debería exigirnos el máximo de sumisión y acatamiento a los sublimes objetivos de su Obra, multiplica los medios para nuestra rápida redención espiritual, sin duda que el hombre, su criatura, no tiene el derecho de odiar, maltratar, robar y execrar a sus hermanos de destino sideral.
 
Ese es el motivo principal de todo médium fenoménico o in­tuitivo, cuyo compromiso se fundamenta incondicionalmente en cultivar su mediumnidad con el Cristo y revelarse como un tra­bajador activo en la siembra del Maestro. No basta ver, oír y sentir a los espíritus en el plano invisible, pues el médium, bajo cualquier hipótesis, debe ser un hombre que además de contri­buir para la divulgación de la inmortalidad del espíritu, es un ciudadano comprometido por los deberes comunes inherentes a la colectividad encarnada, donde la bondad, el amor, el afecto, la renuncia y el perdón constante pueden liberarlo de las cadenas del astral inferior.
 
Pregunta: ¿Cuáles son vuestras consideraciones sobre la mediumnidad con el Cristo?
Ramatís: Considerando que la facultad mediúmnica de "prue­ba" o de "obligación" es el préstamo que las Esferas Elevadas conceden al espíritu endeudado para conseguir su rehabilitación espiritual, bajo ningún aspecto debe negociarse o vilipendiarse. Es un servicio de confianza que el médium debe ejercer en favor ajeno, sin dejar de cumplir con sus obligaciones en la familia, sociedad y poderes públicos. Los mentores siderales no le exi­gen el sacrificio económico de la familia, la negligencia educativa de la prole, el descuido de las necesidades justas con sus parien­tes, para que atienda indiscriminadamente el ejercicio de su fa­cultad.
 
Cada médium, como espíritu en evolución, conduce su bagaje kármico generado en el pretérito delictuoso y que le determina las obligaciones en el hogar, donde víctimas y verdugos, amigos y adversarios de antes, inician el curso de aproximación espiri­tual definitivo. Por eso, en última instancia debe prevalecer sobre el servicio mediúmnico el cumplimiento exacto de las determinaciones kármicas que le dieron origen a la existencia en la ma­teria.

Y, considerando que el mundo del César es el reino transi­torio de los intereses de la vida material para la educación del espíritu imperfecto, el don mediúmnico es la dádiva espiritual del Reino del Cristo, antes que una mercadería de especulación mundana.

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«Aparte del Espíritu protector ¿está unido un mal Espíritu a cada individuo, con miras a incitarlo al mal y darle ocasión de luchar entre el bien y el mal? 
- "Unido" no es la palabra exacta. Bien es verdad que los malos Espíritus tratan de desviar del camino recto al hombre cuando se les presenta la oportunidad: pero si uno de ellos se apega a un individuo, lo hace por determinación propia, porque espera que el hombre le haga caso. Entonces se desarrolla una lucha entre el bueno y el malo, y la victoria corresponderá a aquel cuyo dominio el individuo entregue»
Libro de los Espíritus, cuestión 511.
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