Espiritismo Venezolano y sus Cortes
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Consideraciones sobre la mediumnidad natural y la mediumnidad de prueba

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Consideraciones sobre la mediumnidad natural y la mediumnidad de prueba

Mensaje por Alianza Naiguatá el Lun Ene 02, 2017 11:40 pm

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Pese a la polémica existente hoy día en el seno espirita con relación al florecimiento de un espiritismo más orientado hacia la religión y el servicio al prójimo de lo que volcado al estudio empírico del fenómeno, me atrevo a colocar a continuación, la opinión (podría decir esclarecimiento) de Ramatís con respecto al interrogatorio que se le hizo con respecto a la finalidad y misión que tiene el espiritismo (doctrina kardeciana) desde su aparición y sincretización interreligiosa.
 
Aclaración: lo que leerá a continuación no es un determinante de directriz para la doctrina espirita (aclaratoria que hago a los espiritas ortodoxos decantados por la pureza doctrinaria) y puede tomarse como una opinión. No se admiten en el presente tema conductas proselitistas y sectarias orientadas a la difamación de este u otro autor de libros espiritas ni agresiones ideológicas dirigidas hacia adeptos de otras ideologías.
 
CONSIDERACIONES SOBRE LA MEDIUMNIDAD
NATURAL Y LA MEDIUMNIDAD DE PRUEBA
 
Pregunta: Deseamos conocer algunos aspectos sobre los mé­diums que tienen sensibilidad psíquica avanzada, cuya mediumnidad, según nos dijisteis, es fruto de su evolución espiritual.
Ramatís: Los espíritus que evolucionaron moralmente y se in­tegraron a la vida psíquica superior, cuando están encarnados tie­nen suma sensibilidad para recepcionar los fenómenos del mundo oculto, y aunque no se manifiesten en forma ostensible, sucede a través de la intuición pura. Su facultad mediúmnica es el coro­lario de su evolución espiritual, antes de ser una "concesión" pro­visoria. Se transforman en centros receptivos de las manifesta­ciones inusuales que trascienden los sentidos físicos; su elevada sensibilidad, fruto de avanzado grado espiritual, se afina cons­tantemente a los elevados valores psíquicos, facilitándoles el cono­cimiento instantáneo de los acontecimientos presentes y revela­ciones importantes del futuro. El bendecido don de la Intuición Pura lo poseían en alto grado Antulio, Hermes, Rama, Krishna, Pitágoras, Buda, Ramakrishna y Jesús, además de otros seres que pasaron anónimamente por el mundo terreno; fue la facultad iniciática que sirvió a esos grandes espíritus para sobrellevar las admirables transformaciones en el espíritu del hombre.
 
Tanto percibían los fenómenos inmediatos del mundo invisi­ble, como descubrían ampliamente la síntesis de los acontecimien­tos futuros e importantes de la Tierra.
 
Existe gran diferencia entre el médium cuya facultad es una adquisición natural, por causa de su madurez espiritual, al del médium de "prueba", que es agraciado prematuramente con la facultad medianímica, destinada a proporcionarle el rescate de sus deudas kármicas. A través de procesos magnéticos, descono­cidos para vosotros, los técnicos del Astral hipersensibilizan el periespíritu de aquellos que precisan encarnar con la obligación de trabajar por medio del servicio de la mediumnidad a favor del prójimo y a su vez emprender su propia recuperación espiritual.
 
En el Más Allá existen departamentos técnicos especializados que ayudan a los espíritus a apresurar determinados centros mag­néticos y vitales de su periespíritu, despertándoles provisoriamente la sensibilidad psíquica para poder recepcionar los fenómenos del mundo oculto cuando están encarnados. Ése es el mandato mediúmnico o facultad transitoria a título de "préstamo" otorgado por el Banco Divino. Pero también es un arma de doble filo, que exige severa postura moral en el mundo, pues tanto coloca a sus portadores en contacto con los espíritus benefactores, como los sitúa fácilmente en la faja vibratoria de las entidades sombrías del astral inferior.
 
Aunque la facultad mediúmnica parezca un privilegio que contraría el concepto de la Justicia y Sabiduría de Dios, esa con­cesión prematura otorgada al espíritu en falta, implica una mayor responsabilidad en el trabajo laborioso y espiritual. Por lo tanto, no es una gracia "fuera de tiempo" que exime a las almas de las preocupaciones y obstáculos futuros en su evolución espiritual; es un préstamo que le permite resarcirse de sus faltas cometidas en el pasado, compensando el tiempo perdido con un servicio extraordinario. Los Mentores Siderales, apiadados de los espíritus demasiado gravados en sus cargas kármicas para el futuro, les ofrecen la oportunidad de reajustarse a la brevedad, a fin de lo­grar su pronta ventura.
 
Entonces el médium es el espíritu que renace en la materia, comprometido y con la obligación de ejercer un trabajo constante en favor de los postulados sobre la inmortalidad del alma e inclu­sive tiene el deber de mejorar su propia gradación espiritual. Aun­que sea agraciado prematuramente con un sentido psíquico avan­zado —que no alcanzó por méritos—, podrá transformar en una facultad "natural" aquello que sólo era considerado como una fa­cultad de "prueba". Evidentemente, eso es difícil, pero no impo­sible, pues algunos médiums, los menos, logran alcanzar la gracia de la facultad mediúmnica natural, por medio de la facultad de prueba.
 
Aunque la mediumnidad fenoménica impresione profunda­mente los sentidos físicos de los encarnados, en lo íntimo de la estructura espiritual del médium de "prueba", comúnmente no llega a consolidarse el carácter moral superior, la renuncia angé­lica, el desapego a las ilusiones de la vida física o la capacidad heroica para el cumplimiento del mandato redentor. Apenas es el instrumento convocado para el servicio compulsorio en favor del prójimo o el transmisor de la realidad inmortal; pero por encima de todo, es el deudor interesado en reducir su débito kármico con el planeta que le sirvió desinteresadamente.
 
El médium espontáneo y natural, de elevado grado moral, y superior en espíritu, dispensa de los entretenimientos o de la in­tervención técnica para relacionarse con el mundo oculto, dado que lo consigue por medio de su alta sensibilidad intuitiva. Aunque la mayor parte de esos médiums no conservan la conciencia nítida y total de los acontecimientos sublimes de que son intermediarios, son antenas vivas evolucionadas, que bajo la inspiración de los espíritus angélicos fluyen hacia la superficie de la materia las es­peranzas confortadoras e importantes revelaciones. Esos instru­mentos exclusivos del Bien distribuyen orientaciones benefactoras, advertencias justas e incentivan los buenos propósitos de la vida. En lo íntimo de sus almas, la "Voz Silenciosa" del Señor los anima, orienta y revela Su Obra, como lo hace con todos los seres, mas los sensitivos e intuitivos la sienten en su plenitud divina.
 
Esos seres no participan obligatoriamente y en horas fijas para realizar los servicios mediúmnicos, pues su naturaleza eleva­da los exceptúa del peculiar desenvolvimiento torturante que pa­decen la mayoría de los médiums de prueba, que actúan bajo la acción de los espíritus imperfectos, dado que son los mejores in­térpretes de la verdadera vida inmortal. Todas las manifestacio­nes gloriosas y concernientes a la Creación, las focalizan en una visión global y fecunda que restituye a la humanidad las cuo­tas de fe destruidas por los malos escritores, filósofos o líderes  religiosos ignorantes.
 
Pregunta: El médium de "prueba", ¿podría alcanzar el mismo  éxito del médium "natural", si después del desenvolvimiento se encuadrase bajo los principios elevados del Evangelio del Cristo?
Ramatís: Lo que el médium natural alcanza por vía intuitiva, como suceso espontáneo de su sensibilidad psíquica y sin ne­cesidad de esfuerzos o adaptaciones fuera del tiempo, el médium de prueba, sin antecedente superior que le permita colocarse fácil­mente en la faja vibratoria de la esfera crística, está obligado al desenvolvimiento espinoso, para graduarse por medio del entre­namiento agotador con los desencarnados imperfectos, enfrentan­do las más variadas decepciones psíquicas.
 
La recepción inmadura muchas veces lleva al espíritu de prue­ba a desengaños, fracasos y rebeldías, tal como le sucede al juga­dor de ajedrez, que después de muchos lances infructuosos, vacila en mover las piezas de menor importancia.
 
Tratándose de una facultad prematura y provisoria, que exige arduo y sacrificial ejercicio en medio de las actividades terrenas, el médium que carece de sensibilidad espiritual espontánea, que orienta fácilmente al individuo entre los problemas confusos de la vida, casi siempre concluye sus programas mediúmnicos después de muchos tropiezos. La perseverancia, el buen ánimo, la tenaci­dad, el estudio infatigable, la lucha impiadosa contra las pasio­nes de la animalidad inferior y la integración definitiva al Evan­gelio del Cristo, es lo que asegura el éxito mediúmnico.
 
Sirviéndonos de una comparación diríamos que el médium natural se asemeja al músico o al pintor que nace con el don espontáneo de ejercer su arte, al que se entrega con facilidad y placer. El médium de prueba es el alumno al que se obliga a es­tudiar una ciencia o arte, para el cual no tiene cualidades espontá­neas, precisando realizar enormes esfuerzos para alcanzarlas bajo un prolongado entrenamiento, ejercido en medio de vacilaciones, fracasos y decepciones.
 
Tampoco es imposible que el médium de prueba, integrado absolutamente en el servicio mediúmnico bajo la égida de Jesús, se depure de tal modo que disfrute en gran parte de la sublime mediumnidad natural, que en realidad es la mediumnidad espiri­tual. Es necesario comprender que no existe una línea demarcatoria específica entre la mediumnidad de prueba y la intuición pura, pues siendo el médium un espíritu encarnado, tiene momen­tos que por fuerza de alguna virtud bastante desenvuelta, logra ser el instrumento perfecto de la revelación superior, como suele suceder con algunos hombres que experimentan, parcialmente y en forma fugaz, el inefable estado espiritual denominado éxtasis.
 
Cuando distinguimos al médium natural al de prueba, desea­mos destacar que el primero es un instrumento genuino y superior de la realidad espiritual, y el segundo renace en la Tierra bajo una obligación de orden kármico.
 
Pregunta: Conforme observamos nosotros, es grande el por­centaje de médiums que fracasan en el ejercicio de esa mediumnidad, que la denominamos poco común y un tanto específica. ¿Qué nos decís?
Ramatís: Cuando Jesús anunció que "a cualquiera que le fue­ra dado mucho, mucho le será demandado; y al que le encomen­daron mucho, más le será pedido" (Lucas, Cáp. XII, vs. 47 y 48), como es lógico su augusto pensamiento también se refería al ejer­cicio de la mediumnidad. El médium natural, el intuitivo puro, que posee el tesoro espiritual de la intuición angélica, recibe mucho por mérito a su madurez, y "a quien mucho se le pedirá" ha de ser al médium de prueba, aunque sea pobre espiritualmente, pues debe trabajar fuerte en el servicio mediúmnico para resarcir sus pecados pasados.
 
Mientras tanto no es la posesión prematura de la facultad mediúmnica el motivo del fracaso, como generalmente pasa con algunos médiums de prueba en la materia. Se debe a su imperfección o contradicción espiritual, pues el médium, comúnmente, es el espíritu que decayó de las posiciones privilegiadas del pasado y que aún se mantiene apegado a su personalidad humana tran­sitoria. De ese modo, subestiman la trascendencia de los fenóme­nos que se realizan por su intermedio, considerándolos como un producto exclusivo de su voluntad y capacidad mental.
 
Aunque muchos médiums son inteligentes y mentalmente des­envueltos, el orgullo, vanidad, ambición, prepotencia, o li­viandad los hace caer de sus pedestales frágiles, porque se creen magos excepcionales o individuos de poderes extraordinarios para producir fenómenos y revelaciones inusuales. La Tierra es pró­diga en magos de feria, curanderos mercenarios o iniciados senten­ciosos, que a través de rituales extravagantes atraen y explotan a las multitudes ignorantes. Son verdaderos "gibosos" de la espiri­tualidad, que beneficiados por la gracia mediúmnica, concedida por los espíritus benefactores, la explotan bajo el disfraz de la magia o poderes esotéricos, pero evitan siempre la disciplina del espíritu, que sin duda les exigiría una conducta honrada y abso­luto desinterés en el trato con las cosas espirituales.
 
Mientras tanto, llega el momento en que son alcanzados de lleno por la Ley Sideral, paralizándoles la explotación de la veta de oro mediúmnica, puesta al servicio de un comercio tan indig­no y de interés tan personal. Terminan sus días bajo terrible hu­millación espiritual y sufriendo horriblemente por el mal uso de los favores concedidos por lo Alto.
 
Muchas leyendas terráqueas son simbolismos y alusiones al mal uso de los dones mediúmnicos, y debe ser una seria adverten­cia por parte de los Mentores Siderales a quienes les habían depo­sitado su confianza. La tradición legendaria narra el caso de cier­tos humanos, que después de haber sido favorecidos con poderes excepcionales de orden angélico, terminan perdiéndolos lastimosa­mente por la avaricia, ambición, vanidad, descuido e intereses mer­cenarios.
 
Dice la leyenda que cierto avaro fue transformado en buitre porque no distribuyó el dinero que le habían concedido las hadas del bosque; también cuenta la historia, del hombre ambicioso que habiendo recibido del genio del Bien un poder excepcional, pre­firió usarlo para transformar en oro todo aquello que tocaba, ter­minando por morir de hambre y sed, porque hasta el agua y los aumentos se transformaban en el dorado metal, al contacto con sus manos. Todavía perdura la conocida leyenda del hombre que se alababa de entregarle su alma a Lucifer, si no llegaba a gastar todo el dinero concedido en el plazo fijado. Desgraciadamente perdió la apuesta, pues agotó todos los recursos habidos para malbaratar la inmensa fortuna que el Diablo le proveía constante­mente, porque se olvidó de practicar la caridad..., motivo éste que le hubiera permitido (simbólicamente) aplicar esa cuantiosa fortuna para el Bien.
 
Tales relatos no dejan de ser leyendas y cuentos fantásticos, pero en su profundidad permanece la enseñanza espiritual, para quienes hacen mal uso de los talentos proporcionados por el Señor de la Vida. La mediumnidad es uno de esos talentos que los ge­nios del Bien conceden a los espíritus endeudados, necesitados de urgente rehabilitación espiritual. Esa facultad puede desaparecer en cualquier momento, si su portador la profana para satisfacer su vanidad con provechos ilícitos. Ningún médium está facultado para servirse de la mediumnidad para uso exclusivo o aprovecha­miento egocéntrico, ni exponerla en público en forma comercial. Es uno de los bienes concedidos por Dios a sus hijos, tal como lo dijera Jesús en su parábola, profundamente espiritual (Mateo, 25-14, 30).
 
Las fuerzas psíquicas no deben degradarse con las manifesta­ciones espectaculares que exaltan la personalidad humana transito­ria, y se desfiguran para transformarse en mercadería destinada a crear facilidades o atender los caprichos de la vida física.
 
Los valores legítimos de las facultades mediúmnicas, cuando son desenvueltos y practicados con el Cristo, no producen caídas ni humillaciones que testimonian la vida equivocada de los mé­diums imprudentes.
 
El médium, como instrumento fiel de la voluntad del Señor, revelada en el mundo de las formas, crea destinos crueles para el futuro, cuando la negligencia o mala fe invierte el programa es­piritual que prometió divulgar en la superficie de la Tierra. Siem­pre existe atenuante para aquel que peca por ignorancia, pero es indigno e intolerante quien lo hace deliberadamente, después de haberse comprometido para la realización de un servicio que es fuente de Bien y progreso para muchas criaturas.

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«Aparte del Espíritu protector ¿está unido un mal Espíritu a cada individuo, con miras a incitarlo al mal y darle ocasión de luchar entre el bien y el mal? 
- "Unido" no es la palabra exacta. Bien es verdad que los malos Espíritus tratan de desviar del camino recto al hombre cuando se les presenta la oportunidad: pero si uno de ellos se apega a un individuo, lo hace por determinación propia, porque espera que el hombre le haga caso. Entonces se desarrolla una lucha entre el bueno y el malo, y la victoria corresponderá a aquel cuyo dominio el individuo entregue»
Libro de los Espíritus, cuestión 511.
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