Espiritismo Venezolano y sus Cortes
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Aversión de los padres hacia los hijos

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Aversión de los padres hacia los hijos

Mensaje por Alianza Naiguatá el Dom Ene 15, 2017 8:17 pm

 
Pese a la polémica existente hoy día en el seno espirita con relación al florecimiento de un espiritismo más orientado hacia la religión y el servicio al prójimo de lo que volcado al estudio empírico del fenómeno, me atrevo a colocar a continuación, la opinión (podría decir esclarecimiento) de Ramatís con respecto al interrogatorio que se le hizo con respecto a la finalidad y misión que tiene el espiritismo (doctrina kardeciana) desde su aparición y sincretización interreligiosa.
 
Aclaración: lo que leerá a continuación no es un determinante de directriz para la doctrina espirita (aclaratoria que hago a los espiritas ortodoxos decantados por la pureza doctrinaria) y puede tomarse como una opinión. No se admiten en el presente tema conductas proselitistas y sectarias orientadas a la difamación de este u otro autor de libros espiritas ni agresiones ideológicas dirigidas hacia adeptos de otras ideologías.
 
AVERSIÓN DE LOS PADRES HACIA LOS HIJOS
 
Pregunta: Inspirándonos en el proceso de la Ley Kármica, que regula la "causa" y el "efecto" en la rectificación de los equívocos de las criaturas, encontramos que los hijos deformados, malos, imbéciles o repulsivos, que son repudiados por los padres crueles, deben merecer tal hostilidad, suponiendo que en el pa­sado también pudieron repudiar los afectos paternos y despreciar inclusive a sus progenitores. ¿La Ley no debería colocarlos bajo tutela de los padres adversarios?
Ramatís: Evidentemente, muchas veces sucede así en la ló­gica justísima del proceso kármico. Generalmente, los espíritus que subestimaron a sus progeni­tores en una encarnación, no merecen en futuros renacimientos el techo afectuoso y amigo, debiendo renacer entre padres indi­ferentes, impiadosos y despejados de ternura alguna.
 
Esos padres, además de poseer frialdad, cuando presienten en el hijo antipático al adversario detestado del pasado, se dejan tomar por una invencible repulsión, llegando a expulsar al in­feliz descendiente y a veces, el despecho, el odio o la crueldad, los lleva a aniquilarlo despiadadamente, conforme lo anuncia la prensa terrena que es pródiga en esas noticias.
 
Los espíritus bastante agravados por los delitos del pasado, que intentan renacer para la debida reconciliación con los adver­sarios de otrora, necesitan nacer deformes o retardados mentales, y sus oportunidades para encarnar son muy reducidas, pues la acogida es poco favorable en la familia terrena. Aquellos que se benefician al asomar el remordimiento en sus conciencias degradadas se someten amargados a la tentativa —de poco éxito- de sobrevivir en el hogar de sus enemigos pasados, a los cuales se ligan por lazos del odio insatisfecho. Dominados por indes­criptible angustia, sólo les importa ajustarse a un cuerpo de carne para poder borrar el incesante recuerdo de sus crímenes, pues en su memoria etérica liberada en el mundo astral, los segundos vividos les parecen siglos de horror y desesperación.
 
Entonces, aceptan cualquier encarnación deforme de la carne para renacer en la materia, o entre los padres más odiosos de la Tierra; necesitan el bálsamo del olvido ante las vilezas come­tidas en el pasado y concedida en la forma de un cuerpo físico. Debido a la impiedad u hostilidad criminal de los progenitores adversos, a veces los devuelven nuevamente hacia las miserias del mundo astral inferior, expulsándolos del cuerpo de la carne tan implorado para la redención espiritual, y aún son bastante raros los espíritus que se conforman con ese acontecimiento odioso. Sintiendo recrudecer el odio mal disimulado bajo las cenizas del propio interés, se vuelven almas desatinadas y se arrojan rabio­samente sobre sus ex progenitores, persiguiéndolos implacable­mente hasta la hora de su desencarnación, esperándolos en la puerta del Más Allá como enfurecidos demonios sin el menor indicio de piedad.
 
Pregunta: Estamos seguros que una gran parte de los padres terrenos no tienen muy en cuenta esa responsabilidad, pues si la tuvieran, los asilos y los orfanatos estarían vacíos.
Ramatís: Esos padres precisan saber, que ninguno de los más trágicos y emotivos escritores de vuestro mundo podría des­cribir el pavor y la alucinación que se apodera de los padres infelices, cuando están dominados por el odio, llegando a repu­diar o matar a sus hijos en la Tierra. Cuando retornan al Más Allá se transforman en verdaderos "trapos vivos" en manos de los exacerbados verdugos y adversarios, que imprudentemente eliminaron de sus hogares terrenos. Las mujeres que se dejan do­minar por sentimientos súbitos de repulsión y rebelión hacia sus hijos, y recurren a los tradicionales enemigos de la vida o "des­tructores de ángeles" para expulsarlos a través del aborto preme­ditado, ignoran, que un pavoroso infierno de sufrimientos les espera después de la desencarnación, cuando caen desamparadas bajo la opresión de espíritus tenebrosos que les negaron un cuerpo que estaba en gestación.
 
No es posible imaginar la cólera, el resentimiento, la rebeldía y el odio que se apodera de esos espíritus, cuando reaccionan contra la criatura que les impidió la gestación del cuerpo amigo y tan necesario para olvidar el pasado acusador, que les molesta incesantemente en su memoria subvertida. Después de esa des­ilusión, sólo les mueve un deseo feroz: fomentar todas las humi­llaciones y enfermedades cruentas posible a quienes les negaron el beneficio de un cuerpo físico, apresurándoles la desencarna­ción a fin de hacerlas víctimas de sus más crueles venganzas en el menor tiempo posible.
 
Por eso, si muchos hijos deformados, imbéciles, crueles o retardados mentales merecieran la prueba kármica de nacer en hogares de padres adversos, los progenitores deben conformarse con esa situación desfavorable, pues están cogiendo en la prole antipática el fruto de las simientes hostiles que sembraron en las encarnaciones pasadas.
 
Pregunta: ¿Si por Ley Kármica, los espíritus que repudiaron o menospreciaron a sus padres deben renacer en el seno de familias adversas con probabilidades de ser repudiadas y hasta eliminarlos prematuramente, los padres que los abandonan o maltratan, no estarán contribuyendo para otros objetivos rectifi­cadores de la Ley contra los que han cometido falta? ¿No será un motivo para equilibrar las pruebas futuras, una vez que die­ron cumplimiento al objetivo que estaba determinado?
Ramatís: La Ley del Karma, a pesar de ser justa e implaca­ble, no origina la predestinación para el crimen, ni permite el desquite por parte de nadie. Ella es el efecto de una causa creada por el hombre en el pasado.
 
Con respecto al modo más seguro de actuar en este caso, es Jesús quien lo indica en las siguientes recomendaciones.: "Ama a tu prójimo como a ti mismo", y "Haced a los otros lo que quisierais que os hagan a vosotros" o "Cuando te quiten el manto, dale también la túnica"; "Si tu adversario te obliga a caminar una milla, anda una más con él". No importa constatar si las culpas requieren puniciones o si los delitos exigen reparaciones al pie de la letra, pues el objetivo más importante es liberar las cadenas del odio, celos o crueldad, que liga a las almas adversa­rias y endeudadas al mundo material. El círculo vicioso de las venganzas y tormentos recíprocos indica el estado de profunda ignorancia del espíritu, puesto que esto lo ata aún más a la rueda de las reencarnaciones.
 
La reparación recíproca impuesta por preceptos kármicos y obligatorios para el espíritu, tiene por finalidad evitar que se perturbe el orden y la armonía del mecanismo de la evolución y que ocurran negligencias en la línea moral del perfecciona­miento del alma. Desde el momento que los adversarios resuel­van desatar los grillos que los esclavizan mutuamente a través de las venganzas, ellos mismos habrán conseguido los efectos benefactores para sus futuras reencarnaciones, cada vez más reducidas en las amarguras y más amplias con respecto a la opor­tunidad educativa.
 
Los padres que son adversos a los hijos porque nacieron deformados, imbéciles o son enemigos del pasado, aunque pudie­sen comprobar que esos espíritus no tienen derecho a un hogar amigo, no tienen tampoco la facultad de eliminarlos, pues una acción criminal crea un "efecto" bajo igual culpa. En consecuen­cia, esos padres son candidatos a los dolores atroces por las pér­didas de sus hijos en el futuro y también deberán renacer en el seno de la familia antipática, contando con mayores probabilida­des de ser abandonados y con pocas perspectivas de permanecer en el hogar. La criatura humana, en vez de discutir la proce­dencia de los actos resultantes de la acción implacable de la Ley del Karma —que es un proceso educativo obligatorio para la disciplina del mundo físico—, debe aceptar incondicionalmente las disposiciones de la Ley del Evangelio, que son liberadoras y conducen a la vida en los cielos.
 
Pregunta: En el caso en que los padres repudien al hijo detestado, ¿no es la Ley la que los lleva inconscientemente a ejecutar ese acto para que se cumpla el precepto kármico y disciplinador?
Ramatís: Aunque los padres, en ese caso, estén dando, sin saber, cumplimiento a la Ley del Karma, lo hacen bajo influencia de la crueldad como una acción predispuesta, que los coloca delante de la infracción de la ley de "quien con hierro hiere con hierro será herido", o bien esta otra: "la cosecha ha de ser con­forme a la siembra", como premisas fundamentales para las futu­ras rectificaciones. Si esos padres prefiriesen seguir el derrotero indicado por la Ley del Evangelio, tratarían a sus hijos bajo la inspiración del Amor, y entonces entre los adversarios del pasado y los encarnados en el mismo hogar serían desatadas las cadenas que obligan a las correcciones kármicas, pues es de ley que "ha de ser desatado en la Tierra lo que en la Tierra fuera atado".
 
En cuanto al Karma —aunque justo en su acción disciplinadora— reajuste el efecto a su causa para atender a las necesi­dades educativas del mundo material, el Evangelio se vuelve el sublime recurso que libera al espíritu, porque no lo encadena a las obligaciones reparadoras de las equivocaciones del alma, por­que inspira y orienta la ascensión espiritual. Los padres rebeldes pueden destruir a los herederos de sí mismos por no querer aceptarlos en la forma que la Ley se los envía; mientras tanto, en el futuro, la misma Ley volverá a enviarles los hijos conforme a sus deseos, pero no les permitirá criarlos, debido a sus deseos anteriores que sólo eran de orden físico y no de ampararlos hasta el fin de la existencia.
 
Sirviéndonos de una expresión familiar entre vosotros, diría­mos que esos padres no son merecedores de esos hijos exclusi­vamente atrayentes, porque aún no saben aliar lo "útil a lo agra­dable". Mientras tanto, si desearan un tratamiento amoroso y la protección de otros padres en futuras encarnaciones, sólo les resta una actitud hacia sus enemigos renacidos en su hogar, que es la fórmula preceptuada por Jesús: "Ama a tu prójimo como a ti mismo" y "Haced a los otros lo que quisierais que os hagan".

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«Aparte del Espíritu protector ¿está unido un mal Espíritu a cada individuo, con miras a incitarlo al mal y darle ocasión de luchar entre el bien y el mal? 
- "Unido" no es la palabra exacta. Bien es verdad que los malos Espíritus tratan de desviar del camino recto al hombre cuando se les presenta la oportunidad: pero si uno de ellos se apega a un individuo, lo hace por determinación propia, porque espera que el hombre le haga caso. Entonces se desarrolla una lucha entre el bueno y el malo, y la victoria corresponderá a aquel cuyo dominio el individuo entregue»
Libro de los Espíritus, cuestión 511.
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