Espiritismo Venezolano y sus Cortes
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Algunos aspectos que tratan la relación entre el "karma" y el libertinaje

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Algunos aspectos que tratan la relación entre el "karma" y el libertinaje

Mensaje por Alianza Naiguatá el Lun Feb 27, 2017 4:40 pm

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Pese a la polémica existente hoy día en el seno espirita con relación al florecimiento de un espiritismo más orientado hacia la religión y el servicio al prójimo de lo que volcado al estudio empírico del fenómeno, me atrevo a colocar a continuación, la opinión (podría decir esclarecimiento) de Ramatís con respecto al interrogatorio que se le hizo con respecto a la finalidad y misión que tiene el espiritismo (doctrina kardeciana) desde su aparición y sincretización interreligiosa.
 
Aclaración: lo que leerá a continuación no es un determinante de directriz para la doctrina espirita (aclaratoria que hago a los espiritas ortodoxos decantados por la pureza doctrinaria) y puede tomarse como una opinión. No se admiten en el presente tema conductas proselitistas y sectarias orientadas a la difamación de este u otro autor de libros espiritas ni agresiones ideológicas dirigidas hacia adeptos de otras ideologías.

Pregunta: ¿Podríais esclarecernos en forma más concreta sobre la determinación de la Ley del Karma, que después de pagar la deuda del espíritu infractor, aún está sometido a las mismas pruebas que causó a otros?
Ramatís: En sencillo ejemplo, recordaos de cierto joven que abusa de su masculinidad, más o menos seductora, para dar rienda suelta a su lubricidad e ilusionar a jóvenes casaderas e inexpertas. Comúnmente, el conquistador está interesado ex­clusivamente en su satisfacción erótica. Después de pasar cier­to tiempo usufructuando a satisfacción su instinto animal, realiza otras tantas experiencias con otras jóvenes y por últi­mo, cansado de su peregrinaje de sembrar tanto mal, decide casarse formalmente.
 
Ingenuamente se convence de que ha de vivir una exis­tencia calma y desahogada, libre de cualquier aflicción, sin pensar jamás en todo el mal que sembró a conciencia.
 
Para que sea provechosa la corrección kármica para el espíritu infractor en el campo sexual, es posible que la rectifi­cación se inicie de inmediato, o por motivos superiores y has­ta por un orden económico en lo espiritual, se contempla la posibilidad rectificadora para la próxima encarnación.*
 
*Este hecho es comúnmente observado entre muchas de las prostitutas y también mujeres de sexualidad libertina y hombres de naturaleza picaflor que tan pronto se envuelven en una relación las llagas del pasado se empeñan en traer la discordia y un torbellino de emociones contradictorias se condensan para imposibilitar la satisfacción de ambos. En otros casos, es el antecedente que justifica el infortunio de muchos individuos que desesperadamente buscan en las religiones mágicas el remedio milagroso para su desdicha afectiva; al final de cuenta el fracaso en conseguirlo está justificado: el buen samaritano o aquel diestro comerciante de lo espiritual está intentando "rectificar" lo que ya es parte de los designios de la Providencia e ingenuamente se deja de sospechar que se está siendo cómplice de un infractor que intenta escapar de los designios de la expiación a la que se ve obligado por su libertino e inconsciente pasado. De modo que, sea ahora y tiempo después, es sensato contemplar el ahora como el resultado en la secuencia causa-efecto para deducir lo que pudimos haber hecho; por otra parte, vivir el presente razonando estratégicamente el tipo de futuro que querríamos llegar a tener, o como dijo el fallecido y muy querido médium brasileño Francisco Cándido Xavier (Chico Xavier) "Aunque nadie puede volver atrás y hacer un nuevo comienzo, cualquiera puede comenzar ahora a hacer un nuevo final". Las personas que ya son desdichadas deberían disponerse a vivir un presente consciente y responsable con la finalidad de rectificar lo que hayan hecho y justificó el tipo de presente que están viviendo; la esperanza en el porvenir es el aliento que inspira a las almas en constante expiación a perseverar más allá de las infinitas vicisitudes del día a día. Ampárense de la espiritualidad no para abreviar las pruebas sino para obtener el aliento para llegar hasta el final lo más recto posible.
 
Pregunta: En el caso del espíritu culpable, que siembra desven­turas en ciertas jóvenes seducidas por sus mentiras y prome­sas vanas, por Ley Kármica, ¿cuándo se inicia su rescate y cómo se procesa el mismo, teniendo en cuenta que "se debe recoger conforme a la siembra"?
Ramatís: En el caso de que la corrección espiritual fuera determinada para la actual existencia, lo Alto planeó un esque­ma expiatorio donde deberá recoger los frutos de su mala siem­bra. Al comienzo y conociendo sus intenciones de construir un hogar para el usufructo venturoso, el donjuán optimista será atraído para esposar a determinada joven, por el magne­tismo de una pasión exaltada, y también candidata a las prue­bas de frustración, dolores y desventuras que sembró en otras vidas.
 
Efectuado el casamiento, después de los placeres de la luna de miel, comienza la acción de la Ley del Karma, al deter­minar que sus descendientes sean los mismos de otrora, con sus faltas e irresponsabilidades espirituales. Por su acción nefasta, esos espíritus, llegados a su adultez, comienzan a recoger los efectos de la atracción de los espíritus de mal ca­rácter y de tendencias depravadas. En vez del hogar tranquilo e imaginado aparecen ciertos escollos y surgen nuevas anor­malidades y desajustes hogareños. Después de algunos años y cuando se piensa que todo ha de marchar en perfecto orden, comienzan a encanecer los cabellos, aparecen las arrugas en el rostro y se pasa del sufrimiento a la frustración, por la imposi­bilidad de educar y corregir a las hijas con inclinación a una vida sexual irresponsable, o de los hijos que caen en manos de autoridades policiales, por robo de vehículos, falsificación de cheques y adicción a la droga.
 
Pregunta: Suponiendo que la Ley Kármica decidiera someter al culpable a recoger sus frutos en una nueva encarnación, ¿qué le puede suceder?
Ramatís: En la próxima existencia y con la esposa bajo el mismo rescate, le toca recibir como hijos en su hogar, a las almas que frustró en la actual existencia, y trabajar dura­mente para satisfacerles las mínimas exigencias y caprichos.
 
Tratándose de espíritus que sienten en lo profundo de sus almas el resentimiento y la infelicidad sufrida en su vida anterior, por culpa del mismo espíritu que hoy es su padre biológico, a pesar del olvido de los hechos de la vida pasada, permanece la frialdad y la segura e íntima convicción de acree­dores y deudores, impidiendo el amor filial o ayuda al proge­nitor.
 
La desobediencia, la negligencia y la frialdad de corazón en esas almas, también imperfectas, llegan a los acontecimien­tos tan comunes, con los padres envejecidos, enfermos y po­bres, despreciados por los hijos ricos, saludables y duros de corazón.
 
Pregunta: Los conquistadores que pasaron su existencia abusando de los placeres sexuales, en la constante búsqueda de aventuras, donde poco les importaba los resultados de sus víc­timas, aun de cualquier orden, ¿pueden también sufrir sus co­rrecciones en un cuerpo de mujer, en la próxima encarnación?
Ramatís: Tal acontecimiento es uno de los preceptos de la Ley del Karma. El espíritu en falta, además de indemnizar a su víctima de los perjuicios causados por su lubricidad, podrá sufrir en sí mismo los efectos y dificultades de su acción. El seductor de jóvenes, habituales proveedores de carne viva para los prostíbulos, podrá renacer en un cuerpo femenino, a fin de experimentar en sí mismo, cómo es de oneroso el destino que ocasionó a otros. No es nada raro que estas almas culpables de crímenes y de seducir y llevar a la prostitución a las jóve­nes incautas, terminen su existencia en la prostitución, bajo la determinación de la Ley: "A cada uno le será dado según sus obras".
 
Pregunta: Esa determinación de la Ley, ¿no se ajusta dentro de esa otra ley del "ojo por ojo y diente por diente"? ¿No sería un círculo vicioso eso de que el alma masculina renaciera en un cuerpo femenino fatalmente condenado a la prostitución?
Ramatís: Es evidente que la Ley no es inmoral ni vengativa, a punto de pronunciar decretos irrevocables, ¡cuya finalidad no es conducir fatalmente a alguien a la práctica criminal o in­moral! No obstante, así como el asesino no renace en el futuro bajo la implacabilidad de ser asesinado por alguien determi­nado, salvo que haya en el ambiente situaciones de ese tipo, por analogía el espíritu culpable de lubricidad y perversión al prójimo, irá a encarnar en un medio donde todo tiende a la prostitución. Y como abusó de la debilidad, desamparo, con­dición financiera precaria o de la pasión ingenua de la joven casadera, también ha de ser víctima de esas dificultades e imprudencias, las que sin lugar a duda, lo llevarán a la fatali­dad de terminar en un prostíbulo.
 
Mientras tanto, lo que se cumple es la Ley anticipada­mente expuesta y explicada por todos los instructores espiri­tuales de la Tierra, entre los cuales Jesús fue el sintetizador, que revivió y reactivó las enseñanzas, de modo que el hombre no pudiera alegar desconocimiento. Mientras tanto, lo que interesa al plano divino es la redención del pecador y no su punición, y aún después de la caída en el vicio degradante o en el crimen, ambición o venganza, el espíritu delincuente to­davía puede redimirse de sus errores. Así fue como María Mag­dalena alcanzó su salvación después de conocer al Maestro Amado. Existen innumerables casos de criaturas viciadas, per­versas, subversivas y deshonestas que se regeneran bajo pro­gramas de salvación, amparo religioso o cuando, entre las fi­bras del instinto animal, empieza a asomar la luz liberadora del soplo sagrado.
 
Pregunta: Considerando que la lujuria es uno de los siete peca­dos mortales, toda mujer prostituta u hombre pervertido en la esfera del sexo, ¿ha de sufrir en la próxima encarnación las consecuencias de su imprudencia?
Ramatís: Conforme hemos explicado en otras obras y en bre­ve ejemplo para ilustrar la pregunta; el que se suicida por ahorcamiento o por la bala que perfora el cráneo, ha de rena­cer de acuerdo con el delito practicado en sí mismo, como ser con problemas mentales, sordo mudo y giboso, atravesando la existencia golpeado fuertemente. Todo eso sucede, no como consecuencia de una punición por parte de la Ley sino por el efecto de los actos irregulares, violentos y contrarios a la téc­nica fundamental creativa, pues el espasmo último del hom­bre colgando de su cuello, lesiona y atrofia al tejido súper-magnético del periespíritu, formando el molde defectuoso cuan­do deba plasmar o materializar un cuerpo nuevo en la próxi­ma encarnación. Y, respecto del sordomudo, alcanzado por la bala suicida, lesiona las delicadas neuronas etéreas del pe­riespíritu, relativo a la cerebración, matriz de todos los cere­bros físicos usados en diversas encarnaciones terrenas, difi­cultando la conformación perfecta de esa zona de transmisión de la mente y de la voluntad para el organismo carnal.
 
Lo mismo sucede con cualquier otra anomalía practica­da por el espíritu en un momento de imprudencia o visitación, en el transcurso de la existencia física, resultando efectos se­mejantes que se generan por causas semejantes. Ese es el motivo de por qué los toxicómanos, al entorpecer o desregularizar su cerebro por la acción de los psicofármacos, retornan a la carne en una nueva existencia con disturbios psíquicos de un aspecto crónico inmodificable, bajo diversos aspectos y de bajo nivel de conciencia.
 
No existen por parte del Creador, los extremos absolutos en los ciclos de las vidas. En cualquier parte del Universo y en la intimidad de los seres, la cosecha kármica es rigurosamen­te el fruto de un conjunto de causalidades donde la lógica que posee la Ley da soluciones sensatas.
 
De igual forma, los espíritus viciados o toxicómanos de­ben recoger en encarnaciones futuras los efectos de esa im­prudencia, por lo tanto, tendrán en otra vida la enfermedad exactamente conforme con el tipo del psicotrópico utilizado, el tiempo de su uso, la fuga deliberada de las responsabilidades de la vida en común con la colectividad, la de no cumplir con la promesa antes de reencarnar, el sufrimiento de los padres y de la familia afectada por sus tropelías, delincuencia o simple escape a las clases de orden físico y espiritual.
 
Pregunta: ¿Podéis extender un poco más ese interesante asun­to?
Ramatís: Los estados de espíritu clasificados por los diez mandamientos, son los que más agravan la situación reencarnatoria de las almas imprudentes y víctimas de los descontroles men­tales y emotivos, llevándolos a las peores consecuencias y su­frimientos futuros. En los casos que venimos tratando, las seducciones y los placeres impúdicos en la esfera sexual, son acontecimientos encuadrados entre los perjuicios a otros y a sí mismo. El individuo extremadamente sexual e impúdico vive sembrando mentiras, decepciones, angustias y destinos tris­tes en su propósito de satisfacer su instinto animal. Siendo así, impregna la delicada contextura de su periespíritu y aun­que vibra en un nivel humano, tendiendo a la liberación lenta de esa acción imantadora y gravitacional de la materia, no obstante, con las fuerzas primarias y densas de una pasión primitiva, aumentan la atracción material.
 
En su caída vibratoria, retarda la circulación "etéreo magnética" del periespíritu, degrada la configuración en sentido regresivo hacia la esfera de la animalidad. Allí es donde domina el fluido o energía sustentadora de la lujuria; en con­secuencia, el periespíritu del hombre o de la mujer extrema­damente libidinosos, pierde mucho de su cualidad y configu­ración humana, a favor de la vieja figura del animal, que esta­ba siendo vencida en parte. Es un retroceso "psico" periespiritual culminando en un retardo físico en la forma de licantropía reencarnatoria, cuyos trazos y reacciones humanas traen señales animalescas muy declaradas y puestas de manifiesto.
 
Pregunta: ¿Qué sucede con el hombre extremadamente lujurio­so, en su nueva encarnación, por causa de los perjuicios oca­sionados a terceros?
Ramatís: En el caso de tratarse de una entidad extremada­mente pecadora por el exceso de lubricidad, cuyo periespíritu vibra en la faja de descontrol emocional y bajo el dominio de la fuerza inferior de la animalidad, ha de modelar en la próxima existencia física un tipo impúdico, donde esa energía inferior predominante debe accionar en su modelación carnal. Común­mente, no sólo hiere el campo cerebro-periespiritual, sino que modifica las líneas de fuerzas constructoras de la fisonomía humana, y produce tan grave vulnerabilidad psicofísica, que los otros vicios o delitos menores existentes en la intimidad del reencarnado y menos ofensivas, también terminan dinamizando e imponiendo su influencia en una formación anómala, desde el campo neurológico hasta el sistema reproductor, reproduciendo un tipo de aspecto predominan­temente lujurioso, imbécil, peligroso o psicópata con caracte­rísticas de maldad e impiedad. En estos casos, la Ley permite hasta la impotencia y esterilidad, para evitar la continuidad de un binomio espiritual y físico indeseable. Descontrolado por la sexualidad, minando hasta los poros del cuerpo, impo­tente y con serias dificultades motrices, es la criatura obscena cuya fisonomía se parece a las características de los animales afines a la lujuria, por causa del pernicioso residual en su periespíritu, por la tortura de no lograr satisfacerse sexualmente y en una constante irritación y actividad neuromuscular, conducido al delirio y más tarde postración en un cansancio delirante... En la carne, deformada por la configuración gro­tesca, de aspecto repulsivo, chocante y agresivamente sexual, yace la figura del sediento donjuán.
 
En verdad, la extensa gama de reparaciones y compro­misos en el campo de cualquier acción culpable o dolosa, que debe sufrir y redimir cualquier espíritu delincuente, agrava la situación, por las otras circunstancias complementarias y con­trarias al bien, como resultado de un sentimiento sensible y fundamental, que hace a los problemas de esos espíritus. En el caso extremo del tarado sexual, se agrava la situación recti­ficadora, pues en el ejercicio de su actividad equivocada, agre­ga otros sentimientos: odio, avaricia, gula, alcoholismo, toxi­comanía, celos, ira o astucia. El cortejo de energías moviliza­das desde el mundo animal termina conformándole la figura semi-humana en la próxima encarnación, de modo de expur­gar a través del periespíritu sacrificado hacia el medio am­biente, hasta el último alivio posible. ¡Es muy dura la prueba!
 
Pregunta: Por ventura, el espíritu que sufre ese crucial drenaje de energías o toxinas creadas por su descontrol, como en el caso del hombre lujurioso, ¿liquida su karma en una sola en­carnación?
Ramatís: El proceso de rectificación kármica dura tanto como sea la intensidad del fluido anómalo adherido a la tesitura delicada e hipersensible del periespíritu. Además, como es un proceso técnico sideral, se considera su resistencia biológica al expurgo. Sirve de protección para los tratamientos que de­ben darle cierto alivio, cuando se exasperen el sufrimiento y el delirio. En algunos casos, hasta llega a interrumpirse, a cau­sa del delirio suicida provocado por la obsesión impiadosa he­cha por el adversario de otras épocas, al amparo de entidades vengativas. Se consigue frustrar la existencia física beneficio­sa, lanzándolo nuevamente a otra existencia sacrificial para que padezca en el más allá, la ideoplastía consciente de sus actividades delictuosas.
 
Siendo de esa forma, el alma delincuente tanto puede lograr la normalidad periespiritual, con un completo drenaje mórbido, sin acontecimientos imprevisibles para que su organización carnal resista los impactos destructivos y lesionadores de ese fluido tóxico en exudación, como también puede nece­sitar dos, tres o más encarnaciones para equilibrar su periespíritu, de acuerdo con la ley.

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«Aparte del Espíritu protector ¿está unido un mal Espíritu a cada individuo, con miras a incitarlo al mal y darle ocasión de luchar entre el bien y el mal? 
- "Unido" no es la palabra exacta. Bien es verdad que los malos Espíritus tratan de desviar del camino recto al hombre cuando se les presenta la oportunidad: pero si uno de ellos se apega a un individuo, lo hace por determinación propia, porque espera que el hombre le haga caso. Entonces se desarrolla una lucha entre el bueno y el malo, y la victoria corresponderá a aquel cuyo dominio el individuo entregue»
Libro de los Espíritus, cuestión 511.
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