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La Esencia de la Conciencia Superior: por el Amado Maestro Lanto

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La Esencia de la Conciencia Superior: por el Amado Maestro Lanto

Mensaje por Carpe Diem el Vie Dic 16, 2016 4:44 pm

La Esencia de la Conciencia Superior: por el Amado Maestro Lanto
A los que Han Explorado las Cumbres del Mundo:

La felicidad que se experimenta cuando el flujo de la energía de uno se encauza hacia el propósito recto es una expresión de armonía universal. Mientras que los hombres buscan la comprensión de su propio ser, deben percatarse de que Dios ha implantado su propósito en ellos, así como el la naturaleza. Cada semilla da frutos de su misma clase, cada criatura se expresa según su propio patrón inherente. Como el hombre es un agente libre, también debería poseer la comprensión de significado de la libertad en el ejercicio del libre albedrío.

La cultura de cada hombre está dominada por sus patrones que yacen en las profundidades de su ser subconsciente. A menudo los hombres afirman que no se comprenden a sí mismos. No saben por qué actúan en la forma con que lo hacen. No les es posible abrir el portal de la conciencia, recorrer los pasillos de la memoria y advertir el desarrollo de cada hábito y entonces erradicar todo pensamiento indeseable. Existe una manera mejor, y esa manera es la saturación de la conciencia con la llama de la valía cósmica.

La antigua afirmación «Nuestro Dios, es un fuego consumidor» es una fuente de gran consuelo para quienes la entienden, pues la imagen divina arde verdaderamente con actividad benigna. Las pulsaciones, o elevaciones, del fuego sagrado trasmiten con toda su naturaleza la esencia de la conciencia superior. Éstas desactivan toda mala intención que pueda estar encerrada en el mundo subconsciente del individuo, creando y recreando en su conciencia total los más notables diseños que reflejan la ley cósmica. Tales patrones permiten al individuo que los acepte y que utilice la conciencia superior que ellos comunican, ser completamente libre y, no obstante, quedar bajo el dominio de su Yo Divino.

Este denominado eclipsamiento de la conciencia humana por la Divina, cuando va acompañado del uso correcto de las llamas de Dios, atraerá el sentido de la realidad que era percibido durante la inocencia de la niñez, por muchos hombres encarnados en la actualidad en la Tierra. El paso de las llamas a través de la conciencia superior e inferior de uno, esto es, en las mentes conscientes y subconscientes, es un ritual que se ha practicado durante los siglos de los devotos de la mente de Dios.

Confiamos en que comprenderás que cada Perla de nuestra serie es específica para una de las formas de la enfermedad universal que es la desdicha. Porque mediante la creación en la conciencia del entendimiento correcto del ser, y con el esbozo de métodos para superar las cualidades indeseables que han sido inexplicablemente enlazadas con el ser, pueden remediarse los síntomas de la desdicha.

Abogamos, por lo tanto, por un retorno a ese estado de santa inocencia que no tiene necesidad de defenderse de una multitud de enemigos. No es que pretendamos desactivar las defensas que son necesarias para el mantenimiento de la propia vida espiritual o para la protección de la familia. Pero si te pedimos que las hagas a un lado temporalmente durante tus períodos de estudio para que tu conciencia pueda entrar de nuevo al estado feliz que una vez conoció antes de que su naturaleza fuera pervertida por las opiniones y veredictos de los hombres que están basados en un concepto duro del mundo y su gente.

Te preguntarás porque los hombres han desarrollado este concepto duro. Nuestra respuesta sería en parte que lo que ellos han recibido muchos de ellos lo han dado también. Aunque no todos. Los que han dado crueldad al mundo y a su vez la han recibido como recompensa son a menudo los primeros en sublevarse ante un poco de su propia energía que regresa para ser redimida.

Quieren librarse de la responsabilidad. Quieren sentir que tienen el privilegio de hacer daño a otras partes de la vida y de expresar una inmensa aversión de los principios de la vida misma –como la cualidad de la misericordia- que en los momentos difíciles esperan alivien su existencia. Lo que piensan conseguir al subrayar su propia importancia mediante la destrucción de la dignidad de otros en un misterio para muchos.

Por contraste, los grandes maestros que han caminado por la faz de la Tierra han enseñado a los hombres una y otra vez cómo vivir. Sus instrucciones han sido simples. No han enseñado al hombre a odiar sino amar. Estos consejos fueron aceptados en gran parte por aquellos que los escucharon; sin embargo; cuando llegaron las primeras pruebas fue como si no hubieran sido instruidos en la rectitud de Dios. Llenos de indignación hipócrita por los actos ignorantes de almas incultas, arrojaron flechas hirientes con el arco de la emoción y luego pasaron cautelosos sobre los cuerpos de aquellos que derribaron. Tales reacciones son innecesarias en la vida del hombre de Dios. Él puede recorrer la Tierra manteniendo no sólo una dignidad cortés y control Divino, sino también la actitud correcta hacia cada parte de la vida.

La actitud es sumamente importante, ya que es el tamiz a través del cual los ingredientes de la vida son comprimidos. Lo que se manifiesta como la vida del individuo es moldeando por su actitud. Por lo tanto, es de capital importancia que todo seguidor de la verdad comprenda la locura de conformar su vida de acuerdo con la conducta humana. En vez de eso, debería reconocer la paz que sobrepasa todo entendimiento, la cual llega cuando él besa las manos y los pies de la ley de Dios, reconociéndola como su salvador. Porque la ley conduce a los hombres de la vida eterna. La ley libera la conciencia de la escoria de las tinieblas que se han apoderado de ella.

No nos atrevemos a eliminar la cizaña, pues nos damos cuenta de que si lo hacemos prematuramente podemos también desarraigar los aspectos benignos y útiles de la naturaleza humana. El camino más seguro es el camino de la utilización de las llamas de Dios, pero el conocimiento cabal de lo que son las llamas es rara vez del dominio de los hombres; y cuando hablamos de ellas, a menudo quedan perplejos. Digamos, entonces, una vez más, que hay un orden y universo natural, y que hay un orden y universo espiritual. La gloria de lo terrenal es una, y la gloria de lo celestial es otra. Las llamas de Dios, son del orden espiritual; éstas, por la gracia de Dios, penetran el orden natural con el poder transformador del Espíritu Santo.

Las experiencias del devoto que ama la verdad lo suficiente como para ir en su búsqueda lo ayudarán a comprender que las cualidades de Dios, son inherentes al orden espiritual y que aunque estas cualidades penetran el orden material, no se originan en él. Es mediante el correcto entendimiento de la Materia en su relación con el Espíritu, por lo tanto, como los hombres reciben la iluminación. El entenderse a sí mismo como un ser espiritual-material, es comprender la relación de uno con los demás. Entonces la necesidad de purificar la consciencia de uno mismo en la medida en que ésta haya asumido una visión limitada y egocéntrica de la existencia es comprender la relación de uno con la Vida como un todo.

La recepción de la conciencia de Dios, como si la forma física de uno, la mente de uno y la propia conciencia estuviesen totalmente impregnadas del fuego [energía] de la creación, producirá en la totalidad del ser de uno el estado Divino que se desea. Es este estado el que, cuando se contiene dentro, expulsa las oscuras inclinaciones de la conciencia mortal y las reemplaza por la firme aunque alegre conciencia, la vital aunque penetrable esperanza de la mente infinita de Dios, al descender al mundo finito.

Después de todo, la mente Crística es la armadura divina contra las fuerzas insidiosas que están al acecho en el `cinturón electrónico´ del individuo. El llamado cinturón se encuentra situado en el aura del individuo alrededor de la parte inferior de la forma física; se extiende desde la cintura hasta debajo de los pies, se asemeja en cierto modo a un tambor grande y contiene la suma total de los registros de sus pensamientos y sentimientos humanos negativos.

El hombre es transportado fuera de los confines de su noción de mortalidad hacia los reinos espirituales del pensamiento cuando entra en contacto con las llamas vitales de la verdadera esencia de la conciencia del Creador. El deseo de ser transportado más allá del domino de lo ordinario es el equivalente a una invocación; pero cuando los hombres expresan también la buena voluntad de descontaminarse de todas las condiciones indeseables, abren las compuertas de su conciencia a la luz, que entonces penetra para expurgar todas las acciones vibratorias no deseadas.

Bajo la apacible superficie reside dentro de la conciencia del hombre mucho que es indeseable, mucho que representa la polarización de la imperfección durante épocas cercanas y distantes de su historia personal. El expulsar al enemigo interno mediante la invocación del fuego sagrado es un proceso necesario. Cuando se hace esto, la transmutación tiene lugar y las energías que han estado aprisionadas en matrices de pensamiento y sentimiento imperfectos son liberadas. Inmediatamente después de haber sido desalojadas del cinturón electrónico y purificadas por las llamas de Dios, estas energías ascienden al cuerpo causal del hombre que es el depósito de todo el bien que ha sido exteriorizado por el individuo.
Así como el cinturón electrónico contiene el registro de la infamia humana, el cuerpo causal da testimonio de toda creatividad verdadera. Por lo tanto, el cuerpo causal es del orden y universo espiritual y el cinturón electrónico es del orden y universo natural. La gloria del cuerpo celestial está en su victoria sobre el cuerpo terrenal. En las palabras de san Pablo: « [El cuerpo terrenal] se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad resucitará en poder; se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante».

La sabiduría de Dios, «es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos». La ternura del Divino, es una bendición de gran consuelo, y la fe que los hombres expresan con candor infantil los ayuda a encontrar la liberación de la oscuridad que se esconde en el ser. Que la sabiduría le conducta a la luz y la luz a la felicidad Divina.

Victoriosamente, yo pertenezco
Lanto.

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