Espiritismo Venezolano y sus Cortes
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Alianza Naiguatá
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Origen fluídico de los eczemas y alergias

el Sáb Ene 21, 2017 12:23 pm
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ORIGEN FLUÍDICO DE LOS ECZEMAS Y ALERGIAS
 
Pregunta: ¿Cómo debemos interpretar esa causa fluídica de cier­tas eczemas que resisten a la terapéutica médica, pero que son curables por los benzimentos o la simpatía?
Ramatís: La eczema es la vieja afección cutánea conocida por los pueblos antiguos como el "calor de la sangre"; se trata de una erup­ción no contagiosa, que se manifiesta bajo diversos aspectos, conoci­dos por la medicina como: eczema vesiculoso, eritematoso, pustuloso, etcétera. El significado de "calor de la sangre" es el de "algo" nocivo y oculto en el interior del hombre, y esos pueblos primitivos sabían que la mejoría o agravación de las eczemas dependía de los estados emotivos o mentales de los enfermos.
 
Aunque la medicina académica desconozca el fenómeno, las afec­ciones de la piel como la eczema, son fuertemente agravadas por los fluidos dañinos que el enfermo moviliza durante sus momentos de ira, injuria, o violencia mental y emotiva.
 
Cuando tales fluidos comienzan a "descender" hacia la carne, los riñones, el hígado o los intestinos lo rechazan para filtrarlos me­diante el proceso emuntorio natural, entonces el cuerpo humano los expele a través de la piel con la ayuda catalizadora del Sol y la atrac­ción gravitacional de la Tierra.*
 
Por lo tanto, dicha eczema y molestias análogas se agravan en el área de erupción conforme al volumen de las toxinas psíquicas que "bajan" del periespíritu y que después sirven de alimento a los virus atraídos al lugar de la infección. Son enfermedades que mejoran y se curan por los procesos magnéticos de los benzimentos y exorcis­mos, siempre que sean evitadas las aplicaciones de sustancias tópicas o medicamentos, que además de irritarlos, pueden provocar cicatriza­ciones prematuras. El simple cerrado u obstrucción del "canal de escape" del fluido mórbido, no quiere decir que la cura haya sido positiva en la molestia cutánea.
 
*Las personas de hábitos desorganizados que además viven en ambientes donde se crea una atmosfera densa y sombría producto del mal vivir de cada uno de los miembros por lo general tienen problemas en la piel, hígado y riñones que son el complejo orgánico relacionados a la desintoxicación y cuyos trastornos se pronuncian en la forma de trastornos cutáneos, inmunológicos y cólicos orgánicos.
 
Pregunta: Conforme hemos comprobado, ciertas afecciones y ec­zemas pueden resultar de la picadura o contacto con algunos reptiles, insectos o "bichos de árboles", que causan erupciones infecciosas. ¿Eso no elimina la causa fluídica o de las toxinas psíquicas que bajan del periespíritu?
Ramatís: Realmente, innumerables insectos, reptiles y bichos de arboledas pueden provocar infecciones eczemáticas por sus picaduras y contactos virulentos, pero la cohesión de su veneno material resulta de la esencia fluídica del éter físico cuando en su intimidad el hom­bre queda intoxicado en sus momentos de cólera, injuria o irascibi­lidad. Algunas afecciones cutáneas al comienzo inofensivas, pueden transformarse en ciertos tipos de eczemas después de tratamientos muy corrosivos o por fuerza de las condiciones patógenas del organismo humano.
 
Repetimos que, tanto en el caso de picaduras o del contagio de reptiles e insectos, o de ciertas afecciones provenientes de la inti­midad del cuerpo carnal, siempre existe una "base fluídica" mórbi­da semejante a la que producen los tóxicos psíquicos vertidos por la mente humana. En el primero de los casos, esa base fluídica asocia las moléculas de la cohesión fisioquímica del veneno material; en el segundo, sustenta y liga el tóxico psíquico, que al desagregarse del periespíritu en su descenso hacia la carne, termina agravando las enfer­medades cutáneas.
 
Siendo el éter "físico" emanado de la Tierra y la mente un ver­dadero receptor de las emanaciones materiales o psíquicas, es obvio que las erupciones eczemáticas se exacerban cuando son bombardea­das por los dardos mentales deletéreos producidos por el enfermo iras­cible y violento. Así como existen ciertas enfermedades específicas que se agravan por el tipo de fluidos dañinos que bajan del peri-espíritu después de un ataque de celos, otros empeoran por el morbo psíquico resultante de la envidia, del odio o perversidad y los ecze­mas, como todos los procesos enfermizos de la piel, se irritan o agra­van bajo los impactos violentos de la cólera. En sentido opuesto, tales enfermedades también disminuyen considerablemente o se curan del todo durante los estados espirituales de tranquilidad y optimismo de los pacientes, como también ceden bajo el proceso magnético de los pases, tradicionalmente empleado por los adeptos espiritas, pues atacan directamente la base fluídica de su cohesión tóxica y de la for­mación "endógena" y virulenta.
 
Pregunta: ¿Qué debemos entender por formación "endógena" virulenta de la eczema?
Ramatís: Mientras las picaduras y el contagio de los bichos vene­nosos causan infecciones "exógenas", es decir, que se manifiestan de "afuera hacia adentro" y rápidamente visibles con las manifestaciones apropiadas en la piel, las erupciones "endógenas" son las que resultan de 'adentro hacia afuera", o sea, de la intimidad del cuerpo físico hacia su epidermis. Éstas demoran más tiempo en su curso mórbido invisible antes de alcanzar la piel, pues en su descenso del periespíritu hacia la carne, incorporan lentamente los fluidos dañinos causados por la cólera, odio, venganza y demás emociones deprimentes, que producen mayor o menor virulencia psíquica. Ese tóxico nocivo e imponderable, conocido en el Espacio como "fluido rencoroso", des­ciende o baja directamente del periespíritu hacia la sangre, mani­festándose en la piel porque su circulación es más delicada y vul­nerable.
 
En los días de intensa irritación mental de los enfermos eczemáticos y descontrolados, aumentan los edemas colaterales y las costras o escamas de las eczemas provocando la exudación de la serosidad infecciosa. De ahí la sabiduría de los antiguos pueblos en denominar a la eczema "calor de la sangre", pues siendo molestias que se exacerban bajo emociones violentas del espíritu, su "ebullición" es el resultado de una especie de "hervor" mental y emotivo del enfermo.
 
Bajo la Ley Sideral que impone al espíritu encarnado la lucha de expurgar sus venenos psíquicos a través de su carne y sufrir los efectos dañinos, entonces, la piel es el "drenaje" y deslizamiento de los fluidos tóxicos que se desprenden de la vestimenta periespiritual.
 
Las infecciones eczemáticas, cuyo origen mórbido es de naturaleza psíquica, resisten a las pomadas, a la medicina alópata o inyectable, pues sólo retroceden y desaparecen bajo la terapéutica de los benzimentos o pases, porque este proceso es de naturaleza psico     magnética y ataca a la causa.
 
Pregunta: Tratándose de un fenómeno complejo, ¿podríais aclaramos un poco más esa "virulencia psíquica", resultante de la asociación  fisioquímica del veneno material de los bichos, o de la "explosión" del tóxico mental que el hombre emite en sus estados de rencor?
Ramatís: Cuando las arañas, los reptiles y los insectos agresivos se ponen en guardia para herir o atacar en caso de defensa, "se eri­zan", poniendo en ebullición el éter "físico" del veneno que expul­sarán o inyectarán en el "enemigo".
 
El éter "físico" es un fluido de tenor neutro, pero debido a su especialidad absorbente repercuten y se imprimen en él las vibraciones de los fenómenos, sean de la vida física como espiritual. Fluye de la intimidad del orbe a través de todos sus reinos; interpenetra y se amolda en las formas de los minerales, vegetales, animales y de los hombres, componiendo el "doble etérico" de todas las cosas y seres del mundo físico. Dicho éter es hipersensible plástico y fácilmente influenciable por la mente del hombre en la proyección de sus fluidos psíquicos.
 
Entonces se combinan las energías del medio físico o las del mundo oculto, además de las "exhalaciones" magnéticas de los cuer­pos siderales y astros más próximos. Por lo tanto, es una energía su­tilísima que también se "eriza" por la violencia mental y emotiva del hombre, al igual como lo hacen los insectos, reptiles y bichos ante las perspectivas de un ataque o defensa, que es cuando excitan y dinamizan su veneno. En sentido opuesto, las erupciones o las ecze­mas, en las personas tranquilas y de buen comportamiento espiritual, se reducen fácilmente bajo un tratamiento adecuado porque no se "erizan" o encrespan ante la situación, que en otros, producen la cólera e impulsos de injuria o violencia.
 
La gran diferencia que existe en ese "erizamiento", es porque los bichos venenosos después de movilizar su veneno material, lo expur­gan hacia afuera por medio de las picaduras, mientras que el hombre, sujeto a la Ley Sideral que le dio la razón, debe retener en sí mismo el substrato tóxico producido por sus emociones malignas. La verdad, es que el veneno líquido producido por los reptiles o bichos vene­nosos, fácilmente identificables en los laboratorios, poseen la misma esencia fluídica que compone el tóxico psíquico movilizado por la mente del hombre violento e irascible.
 
Los médiums de clarividencia positiva pueden certificar, que alrededor de las eczemas graves, en la zona que corresponde al peri­espíritu se produce una aglomeración o aura fluídica, algo parecida a "una grande ameba en crecimiento, configurada por una especie de vapor de agua, denso, sucio, de aspecto pegajoso, que se mueve adhe­rido a los bordes de la infección. Sus movimientos son lentos y otras veces agresivos, en constante adherencia al tejido delicado del peri­espíritu, que bajo la carga incómoda y ofensiva, trata de descargarla hacia la carne a través del doble etérico.
 
Después de la expurgación defensiva, los venenos del periespíritu se acumulan en la región más vulnerable de la piel, alrededor de 'alguna infección incipiente, como las que se producen en el cuero cabelludo, que son más propicias a las infecciones eczemáticas. Des­pués, la medicina las clasifica, en su terminología académica, de eczema pustulosa, exfoliativa, etcétera.
 
En ambos casos, las eczemas provenientes de la intimidad psí­quica del hombre o de la agresión de los bichos venenosos, producen efectos semejantes en la piel. Apenas varían con respecto a la na­turaleza del agente mórbido; en el primer caso, la infección eczemática es oriunda de la picadura o contagios venenosos; en el segundo, es el psiquismo del hombre que lo alimenta por medio del proceso sideral de expurgación del periespíritu. En el descenso de las toxinas virulentas, el doble etérico es el elemento más responsable por tales afecciones, porque al recibir la carga mórbida, reacciona para liberarse de las mismas; entonces es cuando la descarga sobre la piel.
 
Pregunta: ¿Qué nos decís de ciertas eczemas tan rebeldes, que no ceden a ningún tratamiento, terminando en una especie de enfermedad crónica?
Ramatís: Tratándose de infecciones de la piel, que además de ser provocadas por aberturas cutáneas, heridas mal curadas, picaduras de insectos, reptiles o por contagio de bichos venenosos, sus víctimas son personas de carácter violento, rencorosas y vengativas. Entonces, el temperamento agresivo de tales criaturas permite que su psiquismo sea el cúmulo del tóxico que destruye o neutraliza la acción curativa de todos los remedios.
 
Pregunta: ¿Podéis explicarnos por qué la homeopatía ejerce una acción dinámica y curativa?
Ramatís: La homeopatía, principalmente los específicos Rhus Tox, Grafites, Groton, Stafizagria y otros más, han curado diversos tipos de eczemas producidos por los venenos psíquicos que han des­cendido hacia la carne, porque se trata de una terapéutica imponderable o fluídica en donde la energía profiláctica actúa en los in­tersticios del periespíritu humano, eliminando los fluidos dañinos acumulados y que nutren los bacilos del mundo oculto. Su dinamización energética bombardea directamente los núcleos "etéreo atómicos" que constituyen la fuente mórbida de las eczemas o dermatosis.
 
Todas las molestias físicas ceden con suma facilidad al tratamiento medicinal o psíquico, siempre que el enfermo se disponga y esfuerce por espiritualizarse, en el sentido de mejorar su conducta particular y social, pues ningún tratamiento es más eficiente que el remedio bendecido y prescripto por el Evangelio de Jesús. La evangelización del espíritu enfermo no siempre llega a tiempo para curarle el cuerpo físico, que está saturado de venenos psíquicos generados en vidas pa­sadas y en la existencia actual.

Aun así, su anhelo espiritual por evangelizarse, le proporcionará cierto alivio en la vida Más Allá de la Sepultura, después de su des­encarnación; y es una credencial para que en el futuro le sea ofrecida una reencarnación más saludable. Por lo expuesto, se deduce que la salud física depende mucho de la "salud espiritual". Motivo porque la auto-evangelización, aunque no produzca una cura milagrosa, resul­tará en sensibles mejoras porque el enfermo deja de generar y verter los venenos psíquicos que anteriormente le agravaban la enfermedad. Especialmente, tratándose de eczemas rebeldes, el comportamiento superior y una conducta evangélica ejemplar consiguen reducir su virulencia.
 
En los días felices, cuando el enfermo está en perfecta "calma", la infección cutánea reduce su manifestación mórbida.
 
Nota del Médium: En nuestros trabajos de curas mediúmnicas, comprobamos lo que Ramatís aclara. Cuando tratamos al Sr. L. O, quien poseía una eczema húmeda, que surgía y desaparecía a medias, a pesar de los trata­mientos médicos modernos muy eficientes. El rostro del enfermo se hinchaba y tomaba un color rojizo, mientras que sus orejas le crecían en forma anormal, dejando caer de sus puntas un líquido viscoso y pegajoso, que lo obligaba a usar mechas de algodón sobre los hombros, a fin de no ensuciar las ropas. Dicho señor vivía desesperado, irascible y sin poder salir de su hogar, pues no tenía coraje para enfrentar al público. El espíritu hermano de Leferriere, nues­tro guía terapéutico y viejo homeópata francés, clasificó el caso de "eczema de injuria", resultante de un violento acceso de cólera o de ofensa incontrolada, agravada por el amor propio, muy susceptible y de extrema irritación. Tiempo después, el paciente confesó que algunas semanas antes de la enfermedad eczemátíca, tuvo un grave conflicto moral con su hijo casado, y lo expulsó de la casa bajo la acción violenta de la cólera. En fin, lo curamos con la homeopatía de Stafizagria C.1000, en una sola dosis de XII/60, ingerida en dos veces, y Chelidonium Maj. D3, durante 30 días para drenar el hígado. Tan curiosos es­tábamos de ese hecho, que consultamos la Guía de la Medicina Homeopática, del Dr. Nilo Cairo en donde encontramos la Stafizagria, que entre otras apli­caciones se indicaba así: "Eczemas húmedas debido a los malos efectos de cólera o injuria. Hipersensibilidad. Individuo fácilmente encolerizable; se ofende por cosas de muy poca importancia". Actualmente, el Sr. L. C. señaló diversos acontecimientos que lo irritaron profundamente en el pasado, y coin­cidían con las fases de virulencia del eczema, que hace algunos años lo inco­moda intermitentemente.
 
Nota del Médium: Tratamos una paciente, ya vieja, con una grave eczema que le cubría toda la parte superior del pie derecho, el que se "erizaba" por motivos tan ridículos, que nos dejó sumamente sorprendidos. En ciertos días la infección aumentaba su área eczemática, haciéndola padecer dolorosamente, pues le vertía un líquido muy maloliente; otros días, los más raros, llegaba a retrocederle hasta la mitad. La eczema resistió a pomadas, infusiones de hierbas, aplicaciones tópicas, inyecciones y hasta a los benzimentos o curas de pases magnéticos. Bajo el tratamiento homeopático de Rhus Tox. C.100 dosis XII/60, en dos veces, Grafites D3, 5 gotas en ayuno y otras tantas al acostarse, acompañadas de Cardus Mar, 5 gotas en el desayuno, la eczema retro­cedió una gran parte. Cuando empezábamos a desanimarnos por conseguir una cura radical, ocasionalmente conversamos con su yerno y nos dijo que estaba viciada en el juego del bicho (en nuestro país, Brasil, se denomina así al juego prohibido de la quiniela), cuyo hecho nos llevó a la siguiente observación curiosa y sorprendente: cuando la enferma perdía, su eczema avanzaba peli­grosamente por el dorso del pie; pero si lograba buenas ganancias en una sola jugada, cosa que se le daba en muy pocos días, la infección eczemática se reducía proporcionalmente conforme a su alegría. Tiempo después vino a la ciudad a pie, cosa que no hacía desde hace tres años, y alguien de su familia nos informó que la enferma había mejorado bastante en su temperamento y vivía más des­preocupada, después de haber leído varias obras de orden espirita que le habíamos recomendado y logró con ese cambio, que la eczema se redujera mu­chísimo, lo bastante, como para permitir moverse como una persona normal.
 
Pregunta: ¿Podéis explicarnos cómo es el proceso de curar y ali­viar eczemas, dermatosis y demás infecciones del género?
Ramatís: Dios se sirve de las criaturas humildes y benefactores para actuar a través de la terapéutica exótica del benzimento, del exorcismo, del pase o la simpatía, para ayudar a los encarnados a ex­purgar de su intimidad los miasmas y tóxicos periespirituales genera­dos por el pecado. Los pasistas o entendidos del benzimento desem­peñan la función de verdaderos desintegradores vivos, cuyas manos en ritmo y movimientos adecuados, proyectan la energía terapéutica sobre los núcleos de los átomos etéreo-astralinos, destruyendo la viru­lencia del atomismo físico.
 
El hombre, en verdad, es una usina viva que puede ejercer fun­ciones terapéuticas en sí mismo o en el prójimo, conforme a las ex­presiones de su voluntad, conocimientos y entrenamiento. Produce estados vibratorios semejantes a las ondulaciones de los modernos aparatos de radioterapia o electroterapia de vuestra ciencia médica, que proyectan rayos infrarrojos o ultravioleta. La mente ajusta y con­trola la emisión de ondas, mientras el corazón actúa como fuente de energía curativa, cuyo potencial es tan intenso como sea el grado de amor y pureza espiritual de su donador.
 
El aura fluídica de eczemas, dermatosis, etcétera, se desintegra bajo el bombardeo de la carga viva del magnetismo híper-dinamizado por el pasista o benzedor, comúnmente llamado curandero. Y los fluidos nocivos de la infección, al desintegrarse retornan a la fuente del astral inferior. Mientras tanto, aunque el paciente haya sido cu­rado por los pases, sólo evitará la reaparición, siempre que serene su mente y ablande el corazón endurecido.
Cuando los pasistas, curanderos o médiums son abnegados y des­prendidos de los intereses mercenarios, también gozan de la asistencia de los buenos espíritus, que los ayudan a lograr éxitos en sus tareas con los enfermos del cuerpo y del alma.
 
Pregunta: Los médicos alegan que en base al progreso admira­ble de la "dermatología" moderna, pueden curar todas las enfermedades de la piel sin necesidad de las prácticas ridículas o tontas de los benzimentos o pases denominados magnéticos a través del médium, o exorcismos. ¿Qué nos decís?
Ramatís: No tenemos dudas respecto del éxito moderno y bene­factor de las "dermatosis", sea por vía inyectable, uso de pomadas, pociones secantes o medicamentos alopáticos aplicados en la parte ofendida de la piel. Pero, asimismo, los tóxicos psíquicos emitidos por el hombre de temperamento irascible o colérico, una vez adheri­dos al periespíritu, descienden por la carne produciendo molestias e infecciones cutáneas indeseables. Cuando esos virus no se drenan por un determinado eczema o dermatosis, convergen hacia otra re­gión orgánica más debilitada, donde puedan subsistir y proliferar.
 
La "cura" de la obstrucción, que la Medicina efectúa de "afuera hacia adentro", por la cicatrización artificial o prematura de esa vál­vula de encape abierta en la piel, no asegura la cura verdadera o de­finitiva, pues el cierre rápido del foco infeccioso no consigue termi­nar con el tóxico psíquico deletéreo, que prosigue en efervescencia en el mundo oculto del alma, para surgir más tarde, en otra molestia que sustituye a la infección primitiva, la cual fue transferida hacia otra zona del cuerpo.
 
El enfermo entonces, en semejante emergencia, busca nueva­mente al médico para tratarse de otra enfermedad imprevista, igno­rando que todavía sufre los efectos del tóxico fluídico que quedó aprisionado por las pomadas y remedios cicatrizantes, pero que no lograron extinguirlo.
 
Nota del Médium: Corroborando las afirmaciones de Ramatís, cierta vez atendimos en nuestros trabajos mediúmnicos a una señora que tenía una gran hinchazón, generalizada por todo el cuerpo; sus piernas rojizas y piel esti­rada; la cara embrutecida, pálida y húmeda; el corazón dilatado, con movimien­tos dificultosos, correspondiendo a la diagnosis médica de "corazón de buey". La respiración dificultosa y los labios azulados, denunciaban la gran intoxicación sanguínea. Nuestro guía recetó cierto medicamento homeopático de baja dinamización, que hizo retroceder en forma sorprendente, la hinchazón; pero en forma inexplicable, en la pierna derecha abrió un eczema que se reducía o agrandaba en su área mórbida. En fin, supimos que dos años antes, se había librado de una eczema, que fue cicatrizado a costas de pomadas y sustancias tópicas; pero, por extraña coincidencia, su enfermedad "cardiohepatorrenal", también surgió conforme iba desapareciendo gradualmente la eczema. La some­timos al nuevo tratamiento homeopático bajo la indicación del guía nuestro, pero la enferma de pronto manifestaba mejoras satisfactorias, como empeoraba otra vez. En respuesta a sus quejas constantes, psicografiamos, de nuestro guía, la siguiente advertencia: "La hermana F. es un espíritu de excesivo amor pro­pio; se ofende por cualquier pequeñez, es impaciente, irascible y colecciona ingratitudes ajenas refugiándose habitualmente en un mutismo enfermizo".
 
Su organismo, como válvula de escape para descargar los fluidos deleté­reos de su vestimenta periespiritual, abrió una salida por medio de una eczema virulenta. Entonces, el veneno acumulado en el periespíritu se difundió por el cuerpo físico, atacando el corazón, el hígado y los riñones, y como producto de la nueva infección generalizada, el diagnóstico médico constató insuficiencia cardiohepatorrenal. Se sometió, entonces, la enferma a un tratamiento especí­fico homeopático, de acción equilibrante, surgiendo el "canal drenador" de los venenos psíquicos alojados en su periespíritu, constituido por una nueva eczema. Pero, como la paciente no modificó su temperamento, dicha eczema permanece bajo alternativas de mejorar o empeorar conforme a sus emociones de calma o nerviosidad.
 
Pregunta: ¿No le parece al hermano Ramatís, que nuestra Me­dicina ha curado satisfactoriamente diversas molestias de la piel?
Ramatís: Ciertamente, pues la Medicina es una institución sacer­dotal protegida por lo Alto, a fin de que los médicos —los sacerdotes de la salud— proporcionen al hombre, por lo menos, las condicio­nes mínimas de vida capaces de permitirle mantenerse equilibrado en el ambiente terrícola donde se encuentra.
 
Pregunta: ¿Por qué algunos benzedores o "curanderos" utilizan el gajo de la pimienta brava para curar la dermatosis o eczemas?
Ramatís: A pesar de que la medicina oficial se burla del em­pirismo del benzedor o del curandero, su terapéutica exótica desinte­gra los fluidos virulentos que alimentan los virus de ciertas infeccio­nes de la piel. Innumerables personas pueden comprobaros que se alcanza la cura del eczema y dermatosis rebeldes, mediante el pro­ceso del benzimento, de la simpatía o del exorcismo.
 
Además, la eczema, la dermatosis y ciertas infecciones caracterís­ticas de la epidermis, que se manifiestan en forma eruptiva, también queman como brasas o fuego. Así, consonante a la ley que "los seme­jantes atraen a los semejantes", los curanderos utilizan el gajo verde de la pimienta brava u otros vegetales cáusticos, para efectuar su tarea benefactora. Bajo la voluntad entrenada de los curanderos, el aura etérica de los vegetales tóxicos y quemantes, como es la pimien­ta brava, agitan el fluido mórbido y ardiente, que sustenta la eczema o dermatosis desintegrándolo por los impactos magnéticos.
 
Es natural que, después de eliminado el terreno mórbido fluídico, que alimenta a los gérmenes infecciosos, éstos desaparecen por falta de nutrición apropiada. Además, es tradición que los benze­dores o curanderos manden enterrar a los pacientes el gajo de la pi­mienta brava que utilizaron en la cura, asegurando que la dermatosis o eczema desaparecerá, ni bien el gajo termine de secarse. Aunque esa providencia parezca ridícula o fruto de cualquier superstición tonta, es un proceso eficiente de la magia oculta, pues la contraparte etérica del gajo de la pimienta usada, continúa ligada al aura etérica de la eczema o dermatosis, rechazando los fluidos dispersos que atacan a la base mórbida. El gajo de la pimienta brava, a semejanza de un "hilo a Tierra", después del benzimento, continúa precipitando hacia la intimidad del suelo terráqueo los fluidos tóxicos que alimenta a ese tipo de enfermedad eruptiva.
 
Pregunta: ¿Podéis darnos algún ejemplo, respecto de la predisposición o inmunización del hombre hacia los fenómenos -ocultos, responsables por las infecciones eczemáticas, cuya causa, según decís, reside en la matriz o doble etérico del paciente?
Ramatís: Efectivamente, hay personas que son propensas a las infecciones de la piel; mientras que otras son refractarias a las mis­mas. Y algunas —aunque sean casos raros— son casi inmunes a todo género de tales infecciones, aun a las picaduras de los bichos, insec­tos o reptiles venenosos. La disparidad del fenómeno, en sus efectos, tiene su origen en el padrón psíquico de la persona. En tales condi­ciones, las personas muy coléricas, irascibles, de temperamento exal­tado, que viven sobrecargadas de fluidos agresivos producidos por sus estados emotivos y violentos, son más dispuestas a la infección de los venenos inyectados por los insectos y reptiles; y también al contagio de las molestias, cuyos virus se sintonizan con el tipo de toxinas psí­quicas de mayor carga residual en su cuerpo. Los hombres pacíficos, mansos de corazón, humildes y resignados, refractarios a las emociones violentas o a las injurias, son por naturaleza, más resguardados o inmunes a las afecciones cutáneas de carácter rebelde.
 
Respecto de la predisposición hacia las infecciones de la piel, hay un fenómeno (en el sector vegetal), de efectos alérgicos singu­lares. Es el siguiente: Existe un árbol conocido por el nombre de "pau de bugre", el cual, debido a las irradiaciones magnéticas dele­téreas e inflamables, emanadas de su "éter físico", causan afecciones edemáticas en ciertas personas cuando pasaban debajo de la misma. Las infecciones que produce se han confundido con el "edema de Quink", enfermedad resultante de la ingestión de maníes, piñones, chocolates y otros afrodisíacos ofensivos para las personas alérgicas. La terapéutica de desensibilización muy usada por los médicos, en el caso del "edema de Quink", principalmente a base de gluconato de calcio inyectable, es poco exitoso para solucionar la alergia provo­cada por el extraño vegetal "palo de indio", donde la persona se contamina pasando bajo su aura magnética, sin necesidad de tocarlo.
 
En Brasil, país muy extenso y sin asistencia médica en las zonas más afectadas, el benzimento o cura practicado por la vieja negra o el mestizo experimentado, todavía es la medicina más eficaz para eliminar los casos de infección provocados por el "palo de indio". El contagio mórbido producido por la acción del éter físico exhalado por el orbe a través de ese vegetal y combinado con otras energías del pro­pio árbol, produce una especie de chicoteo sobre el aura de las perso­nas y en la intimidad de su doble etérico, resultando alteraciones posteriores en el metabolismo de los sistemas endocrino, linfático y sanguíneo.
 
 Nota del Médium: En castellano se denomina "palo de indio" y es muy conocido en el sur del Brasil, principalmente en Paraná. En Curitiba la Prefectura plantó un "palo de indio" en la calle Iguazú, por haberlo confundido con otro vegetal de uso común en los paseos públicos. Recordamos que innumerables personas fueron infectadas por dicho árbol, hasta que lo eliminaron, evitando nuevos casos de alergia. En nuestra familia, tuvimos parientes que sufrieron por el simple toque de un fragmento del árbol citado. Conocemos, también, casos sorprendentes de personas que fue­ron atacadas de alergia del "palo de indio" por el solo hecho de escuchar la referencia sobre la planta tóxica, de la misma forma, como ciertos "sujetos" entran en hipnosis con sólo oír el nombre del objeto, de la cosa o palabra, es decir, del "signo señalado" o "llave" que fue fijado por el hipnotizador durante el trance hipnótico. En Río Grande del Sur, el "palo de indio" es más conocido por "planta brava", cuya infusión es buena para curar úlceras, tal como la planta de ortiga sirve para algunas molestias de la piel. El pinto­resco fenómeno de la "planta brava", es que las personas que antiguamente eran alérgicas dejaban de ser atacadas nuevamente si pasaban por debajo de la planta y decían lo contrario, es decir, que cuando pasaban en la hora del día, debían decir buenas noches, y si fuera noche, dirían buen día. El caso no entra en la idea de la sugestión o superstición, pues no conocemos perso­nalmente a ninguna criatura que se inmunizara definitivamente contra el "palo de indio" de Paraná, usando tales cumplidos o simpatía, adoptados por el dicho popular.
 
Pregunta: Por lo que nos explicáis respecto de la acción molesta producida por la irradiación magnética del "palo de indio", deducimos que las personas pacíficas y de nobles sentimientos, aunque pasen bajo la copa del árbol, están resguardadas o liberadas de sufrir el impacto de los fluidos maléficos.
Ramatís: Dos hermanos gemelos caminando bajo el aura del árbol "palo de indio" pueden presentar resistencias biológicas diferen­tes entre sí, pues el tóxico de los fluidos agresivos del árbol, sólo ofende y contagia a las personas de cierta vulnerabilidad en su "do­ble etérico", o en la fisiología de los "chacras".
 
Aunque el estudio de "Toxicología Trascendental" sea un asunto muy común en el Es­pacio, no podemos extendernos en minucias sobre este asunto de los árboles virulentos, donde destacamos el "palo de indio". Nos cabe apenas esclarecer que no se trata de una infección esencialmente físi­ca, sino de acción fluídica hostilizante, capaz de repercutir en el equi­librio de la fisiología humana.
 
Durante el contacto etéreo-físico del hombre con los fluidos exhalados del "palo de indio", se produce un violento choque en el electronismo vital de la sangre; es algo semejante a un chicoteamiento magnético o eléctrico de naturaleza violenta y agresiva. Bajo ese im­pacto fluídico contundente, la sangre del hombre pierde su tono pecu­liar y se altera en su especificidad fisioquímica, resultando la hincha­zón provocada por la infiltración del suero albuminoso en los tejidos orgánicos.
 
Desgraciadamente, y debido a su sistemática obstinación o ig­norancia, el hombre terreno es el principal culpable de sufrir ciertas hostilidades del reino mineral o vegetal, puesto que subestima la ac­ción de las poderosas fuerzas ocultas, que constituyen la base de la vida del orbe y de la contextura de la carne humana. Cuando el médico, en el futuro, conozca esas realidades íntimas de la vida, com­prenderá que tanto la salud como la enfermedad del hombre son es­tados en equivalencia con las buenas o malas aptitudes y expresiones morales del propio espíritu.
 
Actualmente, la cura de las enfermedades del cuerpo físico exige el estudio de complejos tratados de fisiología y patología, pero se aproxima el tiempo en que la ciencia médica fijará como base fun­damental de su terapéutica, la salud moral del espíritu o alma. En­tonces, la técnica más eficiente que orientará a los médicos, para curar a sus enfermos, será la de las fórmulas o "recetas" contenidas en el sublime compendio que se llama el "Evangelio de Jesús".
 
Aunque los científicos terrenos critiquen nuestras formas de ex­posición, cada hombre presenta reacciones y defensas psicofísicas, en forma particular, que varían conforme al período de su nacimiento. Durante los meses en que el cuerpo físico se genera en la matriz femenina, incorpora en sí el éter físico exhalado por el orbe terrá­queo, lo que es indispensable para que el espíritu forme su doble etérico y ligue su periespíritu a la carne. La incorporación de fluidos magnéticos emanados de los cuerpos siderales y astros próximos que actúan durante la fase de gestación del ser, también influyen seria­mente en la constitución definitiva del cuerpo etérico. De ese modo, después de nacer, cada hombre presenta tendencias o impulsos etéricos peculiares, o reacciones que lo hacen resistir o debilitarse bajo la actuación de las fuerzas ocultas, que se activan en constante trans­fusión por el reino mineral, vegetal y animal.
 
Cuando el espíritu despierta a la luz del mundo físico, también sintetiza en el cuerpo de la carne y en el doble etérico, un verdadero "cóctel" de fluidos etéreos, magnéticos y astralinos, que se le adhirie­ron durante los meses de gestación uterina, provenientes de la inti­midad del planeta terráqueo y de los orbes vecinos. Por eso, delante de ciertas agresiones magnéticas provenientes del mundo oculto, cada hombre reacciona de un modo especial, sin que por eso esté sometido a un fatalismo.
 
Pregunta: Los científicos terrenos que investigan los fenómenos positivos del mundo físico, ¿no admiten esas influencias de otros pla­netas sobre la organización humana, señaladas por la ciencia empírica de la Astrología?
Ramatís: Nosotros nos estamos refiriendo únicamente a la pre­disposición magnética o etéreo-física del hombre en el mundo de la materia, es decir, su inclinación o tendencia más acentuada durante su vida carnal. En consecuencia, lo que citamos, nada tiene que ver con los presagios astrológicos que indican a los clientes la "buena dicha" o los días favorables para los buenos negocios o aventuras amo­rosas, conforme a la posición zodiacal de los astros. No pretendemos asegurar que el espíritu quede totalmente sujeto a las influencias de los astros distantes, o que deben moverse conforme a las combinacio­nes magnéticas que ellos manifiestan; nosotros aludimos, apenas, res­pecto a su predisposición en lo tocante a su mayor o menor defensa en el campo imponderable. Reconocemos que las tendencias atávicas o ancestrales biológicas de la carne, que actúan fuertemente en el hombre, puedan ser dominadas o corregidas por los "principios" su­periores del libre albedrío del espíritu encarnado. Exceptuando los casos de idiotez congénita o casos muy específicos.
 
Es de Ley Sideral, que el espíritu al reencarnarse tenga que so­portar las características e influencias del ambiente físico donde pasa a vivir. Parte de su vida, en el orbe terráqueo se desenvuelve en per­manente defensa contra las energías magnéticas o fluidos ocultos, que interfieren durante la materialización de su cuerpo de carne. El hom­bre, "espíritu inmortal", baja de su morada predilecta, que es el mun­do espiritual, y sin desligarse del mismo, se corporiza en la carne, formando la figura del "hombre físico", transitorio. Considerando y conforme dijo Einstein, que la materia es energía condensada o "fuerza oculta", situada en un nivel inferior; el cuerpo físico del hom­bre es un vehículo o instrumento para que el espíritu inmortal pueda descender a la Tierra y se ajuste a las diversas contingencias de su ambiente.
 
Durante el trayecto que el espíritu recorre, bajando del mundo espiritual hasta surgir en el mundo de la carne, en el ambiente del orbe, incorpora los más extraños y heterogéneos fluidos que se irra­dian o exhalan de las esferas ocultas, asteroides y astros, en combina­ción con el flujo de la Tierra. Innumerables veces el ser humano cree que actúa por las decisiones de su mente o emoción, ignorando que sufre la influencia de las fuerzas astrofísicas, las que actúan en el temperamento psíquico. Muchos hombres, que han cometido cier­tos actos bajo impulsos extraños, después, en meditación espiritual, no logran comprender los motivos de su debilidad.

No es que los astros obliguen al hombre a practicar "pecados" contra su voluntad. No hay un fatalismo astrológico insuperable a las reacciones del libre albedrío de la conciencia; así como hay in­dividuos inclinados para el Bien, también están los que tienen pro­pensión íntima, que los induce a ser avarientos, vengativos, jugadores, sensuales o alcohólatras. Y para dominar o terminar estas aberraciones del carácter son necesarios la autovigilancia del "orar y vigilar" y la dirección de una voluntad fuerte.
 
Así como un día lluvioso, frío y triste, predispone a ciertas per­sonas a la melancolía y sienten malestar, porque son fácilmente influenciables por el ambiente donde viven, así también, los fluidos magnéticos que palpitan en la intimidad del doble etérico del hom­bre pueden despertarle impulsos raros, a los cuales obedecerá auto­máticamente, siempre que no los examine y considere previamente, teniendo en cuenta los efectos buenos o malos.
 
De otra forma, ¿cómo el espíritu perfeccionaría su conciencia, a no ser por medio de esa lucha heroica en el mundo, enfrentando a las fuerzas ocultas que trae en su propia intimidad espiritual? A partir del instante en que el espermatozoide se lanza a la conquista del óvulo materno, hasta el último minuto en que el hombre cierra los ojos ter­minando su existencia física, es sacudido y tentado por las fuerzas e influencias que lo rodean, interpenetran y que le causan impulsos instintivos que afectan o perturban la evolución de su espíritu in­mortal.
 
Pregunta: ¿Sería posible que nos dierais algunos detalles más concretos sobre este asunto?
Ramatís: Os repetimos: Al librarse de la placenta materna, es decir, al nacer y respirar el oxígeno del orbe físico, el hombre tam­bién consolida en sí un padrón vibratorio magnético peculiar, que de­fine y marca las características morales de su personalidad. Y si su espíritu es de buen quilate, poco a poco, consigue imponer los prin­cipios espirituales superiores, subyugando a las influencias nocivas de la carne. Ejerce la dirección sobre el cuerpo que le sirve de acción en la materia, tal cual el injerto de la planta "civilizada" se impone al vigor selvático del vegetal inferior.
 
Conforme dijéramos, el doble etérico es sustentado por el éter físico, y de acuerdo con la mayor o menor absorbencia de ese éter físi­co, o de su mejor cualidad, hay personas más robustas, vigorosas y potentes de eterismo circulatorio, mientras que otras se muestran ané­micas y debilitadas en su circulación etérica. Como hay personas físi­camente saludables y otras enfermas desde la cuna, también sucede lo mismo con relación al doble etérico, es decir: en el primer caso, la sangre más pura proporciona salud y resistencia al medio ambiente; en el segundo, el éter físico puro favorece a la salud etérica y da más resistencia en el contacto con las fuerzas del mundo oculto.
 
Por ese motivo algunas personas son vulnerables al magnetismo tóxico exhalado por el árbol "palo de indio", y otras resisten su in­fluencia perniciosa.
 
Aunque el espíritu pueda interferir hasta en su gestación carnal, cuando ya es algo evolucionado, sea apurando la conformación de ciertos órganos, sensibilizando el sistema nervioso o perfeccionando la contextura cerebral para una mayor sensibilidad sensorial, tampoco se libra de las características fisiológicas y de las reacciones fisioquímicas, peculiares al tipo familiar escogido para modelo de su figura humana. En verdad, los ascendientes biológicos y hereditarios de la carne le influencian el organismo físico hasta su último minuto de vida. Sumergiéndose en el seno denso de la materia, el espíritu, amor­dazado por los factores vigorosos e instintivos del ambiente físico, se asemeja al viajante que se demora por alcanzar su meta final, a causa de los muchos obstáculos que presenta el camino.
 
A pesar de la emancipación del espíritu sobre la materia, existe semejanza en el linaje carnal de cada familia humana, pues los hijos, los nietos y los demás descendientes, casi siempre repiten como nue­vas "copias al carbón", ciertas características físicas motoras y fisio­lógicas, vividas por sus antepasados. Aquí, el hijo es zurdo y escribe y se peina con la mano izquierda, como era el hábito del abuelo, allí, la hija ríe, tose y gesticula de modo peculiar, conforme era su vieja tía; acullá, los gestos bruscos y la prepotencia del mozo, son copia fiel de los padres. En fin, no hay disparidad absoluta entre el espíritu y la carne de los componentes de la familia.
 
Una de las funciones educativas de la materia-tiempo, justa­mente, es la de restringir la libertad del espíritu que lo dirige, for­zándolo a seguir determinados rumbos en, beneficio de su propio des­envolvimiento conciencial.
 
Tal situación o contingencia es idéntica a la limitación compul­siva impuesta a los alumnos, dentro de la escuela, sujetándolos en el horario destinado a la instrucción e impidiéndoles manifestarse libre­mente conforme a sus impulsos y costumbres de su personalidad habi­tual, que demuestran fuera de la escuela.
 
Ojalá, el terrícola se hiciera merecedor a las revelaciones avan­zadas de lo Alto y reconociera definitivamente, su realidad espiritual en el seno de la vida cósmica. Entonces comprendería que todos los fenómenos del mundo material que rodean al hombre, considerados en su esencia y amplitud, son fuerzas educativas bajo la Dirección Divina. Pero, como la Tierra todavía es una escuela de "instrucción primaria", al servicio de los espíritus inferiores e indisciplinados, sus alumnos, no pueden conocer ni dominar ciertas fuerzas ocultas del mundo invisible, pues si el terrícola las dominase ampliamente, terminaría por destruir a su propio planeta, debido a las alucinaciones de su orgullo, codicia, egoísmo, prepotencia y crueldad.
 
Mientras tanto, ni bien se efectúe la selección profética en el comienzo del próximo milenio, donde las "ovejas" serán apartadas de los "lobos", y éstos expulsados hacia mundos elementales donde el ambiente moral y físico está en concordancia con su mentalidad, en­tonces, la nueva Humanidad tomará conocimiento de los secretos y maravillas del Cosmos, que harán de la Tierra el pórtico de un pa­raíso.

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«Aparte del Espíritu protector ¿está unido un mal Espíritu a cada individuo, con miras a incitarlo al mal y darle ocasión de luchar entre el bien y el mal? 
- "Unido" no es la palabra exacta. Bien es verdad que los malos Espíritus tratan de desviar del camino recto al hombre cuando se les presenta la oportunidad: pero si uno de ellos se apega a un individuo, lo hace por determinación propia, porque espera que el hombre le haga caso. Entonces se desarrolla una lucha entre el bueno y el malo, y la victoria corresponderá a aquel cuyo dominio el individuo entregue»
Libro de los Espíritus, cuestión 511.
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